miércoles, 30 de diciembre de 2015

Con la Consciencia Fragmentada

En estas fechas, finales del año, cuando hago un repaso de lo sucedido, lo transitado, lo experienciado y lo vivido, conecto con las preguntas de siempre, las más existenciales, empezando por: ¿qué sentido tiene todo esto que vivo?¿Cómo hago para estar en esta situación?, pasando a ¿qué sentido tiene esto que le está ocurriendo a los demás? y continúo con una larga lista de preguntas a las que vuelvo y reviso una y otra vez...

Desde hace muchos años, incluso recuerdo que desde niño, empecé a cuestionar el sentido de estar vivo, el sentido de la existencia, no entendía los cambios rotundos que invitan a decisiones de vida importantes (como una mudanza, como un cambio de colegio, cambios económicos, etc.), no entendí qué sentido tenía que vaya al colegio; incluso recuerdo un compañero, que siendo adolescente se suicidó. Recuerdo muchas circunstancias con las que estuve siempre invitado a cuestionar la existencia, la vida, Dios, el cosmos, etc.

Desde hace muchos años, viviendo y siendo testigo de acontecimientos como éstos, me convertí en un buscador, y tal vez ni siquiera me convertí, sino que me hallé así, buscando, movilizado por mi propia angustia, la cual llamaría existencial. He pasado por distintas filosofías, religiones, prácticas, retiros, ayunos, etc. Me licencié como psicólogo y luego me especialicé como Psicoterapeuta, he pasado por distintos enfoques también, diversas experiencias y es curioso, nunca hallé una respuesta absoluta (ya dudo de que exista), lo que si he hallado son rutas y lo curioso es que así como dijo San Agustín "todos los caminos conducen a Roma", me doy cuenta que todos los caminos conducen a mí.

Me he ido hallando y me llamo Mismidad. Me leo y suena a filosofía Yoica, y así lo entendí en el inicio, y empecé a adoptar esta frase de "a la mierda el otro" "que se haga cargo" (entendiéndolo como un "que se joda"). Seguí caminando esta senda y me fui hallando con la imperiosa necesidad de un Tú, es decir, de un otro, de la Otredad. Nos guste o no, necesitamos el contraste para establecer configuraciones del mundo, para delimitar, y la posibilidad de la existencia del otro,  me convoca a mirar más allá de mí, a contemplar, a encontrar, a resonar, a fugaces instantes de eternidad.

Hoy, a estas alturas del camino, lo que voy encontrando es la trascendencia de los instantes a través del encuentro con otro, la trascendencia de la existencia a través del vínculo, el crecimiento a través del compartir con los demás, un compartir comunal, es decir, tomar decisiones y mirar desde lo conectados que estamos, cómo mis decisiones afectan al otro (pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo), compartir y trazar rutas comunes para que cada uno se halle Mismidad, tome de referencia Otredad y lleguemos así al registro de nosotros Comunidad.

No tengo muchas respuestas claras, sino fragmentos de una muy larga; por distintos lugares veo cada vez más convocatoria a la concientización, sobre el planeta, el descubrimiento personal, la conciencia planetaria, la interconexión de todos como una gran matrix, etc.

Los fragmentos que hallo, son los que he venido describiendo hasta aquí, y aún siguen mis preguntas, como por ejemplo: ¿es necesario un Dios?¿una religión?¿creer?¿fé en lo que no está presente o presencia en el aquí y ahora?

He hallado algunos fragmentos, como digo, puedo decir aún con la consciencia fragmentada, que tengo rastros, aún no certezas más que las caminadas.... hallé una carta del 2009 con la que hago más vigente esta pregunta ¿necesito un Dios?; una canción de Vangelis (Conquest of Paradise), que dice "hay rayos de luz en el corazón del hombre, que desafían la muerte de la noche, un rayo que brilla en cada alma como las alas de la esperanza cogiendo Vuelo"; Dos Oración de San Francisco de Asís, y un dicho druídico. (Todas anexadas al final)

Con la Conciencia fragmentada, aún me pregunto, aún busco y me mantengo vivo descubriendo, en el día a día, en mi encuentro con otros, sea mi pareja, mis amigos, mi familia, los demás... en el día a día, descubro a través de ser testigo de la transformación y crecimiento personal de otros. Día a día descubro, mi ser un elemento más de la naturaleza como lo son los árboles, los animales, el paisaje, mis semejantes.

Aún no tengo respuestas completas; Sí tengo un camino de respuestas en mis experiencias, sí tengo respuestas en el ahora del encuentro; no hallo filosofías certeras, no hallo religiones que convoquen la unidad sin querer imponerse como la verdadera, hallo mi conciencia fragmentada pues aún no puedo integrar todo esto, sólo tengo rastros y entre estos rastros me hallo, contigo, conmigo, con todos.... a veces me vuelvo a perder y tengo la suerte de hallar el camino de regreso....

Me quedo con una frase de Jorge Drexler en su canción "Bolivia", frase a explorar, frase de rastros: "Los caminos de ida, en caminos de regreso se transforman, porque eso, una puerta giratoria.... no más que eso es la historia".





ANEXO 1:

Para:     Dios

Creador y Padre de todo lo creado

Estimado Dios Mío:

En ocasiones, cuando me hallo con el recuerdo roto, parece que en el HOY te olvidas de mí… parece que en el HOY te cansaste de mí…

Ya que cuando te busco no te encuentro, he optado por no buscarte, tal vez así, mi única compañera de viaje (la esperanza) me permita pensar que te animarás a volver, que te animas a buscarme, ya que te extraño y perdí el camino de regreso… tal vez sólo quede caminar, al final, a pesar de todo, el mundo sigue girando…

A veces, buscar el límite y conocerme, me arriesga, ya que supone el alejamiento; sin embargo, como la lucha que es (a pesar que siempre la perderé ante tí), no la dejaré hasta que me bendigas, pues he luchado tanto por mi solitud y mi soledad, que ahora que se hace presente, me descubro en el límite de mí mismo, en esa parte extraña de mis fronteras donde comienza el otro, donde comienzas tú... que no dejan de ser mías, que no dejan de ser mi mismo.

¿Es que eres tan difícil?

No lo sé… pero aunque no lo sepa, se debe ocultar un sentido en ese extraño ritual de volver a la fuente… calma mi sed, hazme volver, hazme descubrir, hazme… re-hazme… para volver a partir, ser ese errante vagabundo del mundo con brillo tuyo, que se pone de novio con la oportunidad que le diste, con la posibilidad que le diste…. Con la vida.

Ya no se qué más hacer, salvo dejar de hacer… ¿qué quieres que haga?... ¿hay algo que hacer?

Nada se compara a la dulzura con la que me miras, la brisa con la que me rozas, el silencio en el que das espacio a mi clamor, a mi grito ahogado, tal vez no escuchado (aún no lo sé), en el cual vacío de mí y vacío de ti busco llenar-me… ¿es acaso esto un grito? ¿es acaso un reclamo? Es simplemente la búsqueda del eco que hay en este espacio, ese eco que vuelve con algo de ti para que en las mismas palabras me responda, para que en las mismas palabras me respondas… ese eco que vuelve con algo tuyo, con algo mío, con algo de mundo, con algo de eternidad…

No sé qué más decir-te, no sé qué más clamar-te y reclamar-te… no sé con qué más adorar-te, ¿es que acaso ser mi mismo no basta? Si con cantar-te bastara, si con recitar-te bastara, qué sería entonces ese delante mío que eres, al que quiero alcanzar… al fin y al cabo eres como la línea del horizonte en el mar… mientras más me acerco más te corres (cual niño juguetón y caprichoso) y no sé si te alcance, pero al menos baja la velocidad, porque a  veces te corres y te pierdo o quizás sea que me fatigo, no lo sé…

En el libro que es mi vida, has escrito en mis hojas tus líneas, con plumón indeleble; hay otras en blanco que a veces cuesta escribir, supongo que las dejaste ahí para que las escriba yo mismo, sólo no cambies la tinta, para que lo que hago tenga algo de ti, para que todo lo que hago tenga sabor a ti, tenga olor a ti… No quiero tener nostalgia de ti, sino regocijo de ti, alegría de ti… y seguro, en esa reciprocidad, quisiera que tú tengas también alegría de mí y regocijo de mí… pero no hablas, aunque a veces te escucho (¿curioso no?), no me tocas aunque a veces te siento, no me dejas aunque a veces te extraño…

Ahora me despido, con necesidad de respuesta, una de esas clásicas (imprevistas con toque milagroso) a las que me tienes acostumbrado… al fin y al cabo ¿qué más da un milagro?.



Eternamente tuyo…
Oswaldo (30/11/2009)



ANEXO 2:


Vangelis (Conquest of Paradise)


"Hay rayos de luz en el corazón del hombre
Que desafían la muerte de la noche
Un rayo que brilla en cada alma
Como las alas de la esperanza cogiendo vuelo

Un día soleado, el nacimiento de un niño
Las pequeñas cosas que decimos
Un brillo especial en la mirada de alguien
Sencillos regalos, cada día

En algún lugar hay un paraíso
Donde cada uno encuentra libertad
Está aquí en la tierra y a la vista
Un lugar donde todos encontramos nuestra paz

Ven, abre tu corazón
Toca las estrellas
Cree en nuestro poder
Ahora, aquí en este lugar
Aquí en esta tierra
Es la hora

Es un lugar al que llamamos paraíso
Cada uno de nosotros tiene el suyo propio
No tiene nombre, no tiene precio
Es un lugar al que llamamos hogar

Un sueño que llega más allá de las estrellas
Del interminable azul del cielo
Siempre preguntando quién somos
Siempre cuestionando por qué

Ven, abre tu corazón
Toca las estrellas
Cree en nuestro poder
Ahora, aquí en este lugar
Aquí en esta tierra
Es la hora

Hay rayos de luz en el corazón del hombre
Que desafían la muerte de la noche
Un rayo que brilla en cada alma
Como las alas de la esperanza cogiendo vuelo

Como las alas de la esperanza cogiendo vuelo"

ANEXO 3:
Oraciones de San Francisco de Asís
¡Oh Alto y Glorioso Dios!
Ilumina las tinieblas de mi corazón,
Dame fe recta, esperanza cierta,
sentido y sabiduría, Señor,
para que cumpla tu santo y veraz Mandamiento (Amar).


Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
D
onde hay odio, que lleve yo el Amor.

D
onde haya ofensa, que lleve yo el   Perdón.
D
onde haya discordia, que lleve yo la Unión.
D
onde haya duda, que lleve yo la Fe.
D
onde haya error, que lleve yo la Verdad.
D
onde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

D
onde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.


ANEXO 4:
Deja que tu dulce morada se ilumine con el brillo de las estrellas y la melancólica luz de la luna y que el gran sol derrame en ti sus esplendorosos rayos cuando le temas a la permanencia de la obscuridad y del mal.
Acepta que la tierra te acoja en su seno, que el serpenteante viento acaricie tu rostro, que las aguas purifiquen tu cuerpo y tu alma, mientras el fuego te seque con su poder divino. Sólo entonces vivirás en tranquilidad con la naturaleza y contigo mismo.
Nunca olvides a tu raza, porque es la única conexión que tienes con tus antepasados, y tus antepasados son la herencia de lo que eres hoy.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Impasse

Cuando empecé a formarme en Terapia Gestalt, recuerdo que leía a Perls y revisaba en clase sobre el impasse. Conforme fui profundizando me fui dando cuenta en que el impasse estaba presente en mi hacía mucho, y noté que no era ajeno, que todos lo vivimos.... 

¿qué es el impasse?

El impasse es ese momento, esa situación existencial en la que he soltado algún recurso, forma de vida, costumbre, etc. y en el que aún no he hallado uno nuevo. El impasse es un momento de tránsito, es como un bebé, el cual va soltar la teta por el biberón, o el peluche viejo para recibir uno nuevo. Voy recordando también la antigua serie "Tarzán", es ese momento en el que suelta la Liana y aún no ha tomado una nueva.

Si llevo este impasse a ejemplos concretos más cotidianos, está el haber salido del trabajo y aún no haber conseguido otro, haber terminado una relación de pareja, que implica un estilo de vida, hábitos, actividades, etc. y de pronto terminar y hallarse sin ninguna de esa posibilidades; es el momento en que se acaba una situación, experiencia y nos quedamos "en el aire".


¿Qué implicancia tiene?

El Impasse suele proponernos el escenario para la experiencia del vacío, la experiencia de angustia, es un escenario que nos confronta con el dolor y con toda emoción pendiente, es decir, aquella que no nos permitimos sentir.

Cuando nos atrevemos a transitar el impasse, entonces nos atrevemos a sentir, a conectarnos con nuestra más profunda dimensión, pues la experiencia de crisis, dolor, vacío, son experiencias transformadoras, que nos permiten desarrollar nuevos recursos ante la vida, pues sólo del vacío surge la creatividad, y con creatividad no me refiero a ideas nuevas, me refiero a propuestas nuevas de vida, a lo que llamamos Ajuste Creativo, es decir, la capacidad para resolver de forma novedosa aquello que vamos viviendo.

Cuando por el contrario, no nos animamos a vivir el impasse, tendemos a regresar a lo mismo. Un claro ejemplo de un impasse no resuelto es el dicho "más vale malo conocido que bueno por conocer". La no resolución del impasse significa volver a lo mismo, utilizar lo ya conocido. Me parece un ejemplo clarísimo a nivel social, lo que pasa en política, si revisamos a los candidatos, quienes tienden a liderar los procesos son exactamente los mismos, no miramos alternativas diferentes como sociedad, no nos lanzamos al vacío de una nueva posibilidad, no estamos dispuestos al cambio.


Recuerdo un cuento de Jorge Bucay:

...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra.

.. Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.



La Resolución del impasse consiste en esto, en animarnos a correr el riesgo y ese riesgo es el transitar todas nuestras emociones, vivenciar el vacío, la angustia, el dolor y aprender a acompañarnos a nosotros mismos en ello. Vamos resolviendo el impasse cuando empezamos a decidir diferente, a asumir (responsablemente) nuestras decisiones y cuando poco a poco vamos aprendiendo a disfrutar de lo que vivimos, sea pena, alegría, miedo, etc. aprendemos a disfrutar de estar vivos incluidas nuestras emociones sean cuales fueran.

Me encanta como lo dice Alexandre Jollien: "¡Qué consagrado oficio, el de ser hombre! Alegre y austero, exige una peligrosa inversión de todos los instantes!".

Atravesar el impasse nos permite tener un registro más amplio de lo que significa ser nosotros mismos, un aumento en la experiencia de ser, una mayor posibilidad de aprender a SER genuinamente nosotros.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Emociones

A diario, no sólo en el consultorio sino también en aulas, en programas de entrenamiento emocional (como los de inteligencia emocional, asertividad, etc.), leo y escucho que clasifican las emociones, es decir, le dan importancia según la conveniencia. Ésta forma de nombrar las emociones y clasificarlas está difundida y sostenida culturalmente y además le adhieren un sustento: "esas emociones son negativas porque te hacen reaccionar así". Ninguna emoción "nos hace" reaccionar, eso es restarnos la responsabilidad del sentir, somos nosotros los que hacemos algo al sentir la emoción que sentimos, en otras palabras, no somos responsables de sentir, sino de lo que hacemos con lo que sentimos.

Hay incluso, quienes atribuyen a nuestras emociones como causa de catástrofes y de muchas decisiones que en consecuencia fueron desfavorables. Incluso hay miradas racionalistas al respecto y quienes se niegan la posibilidad de sentir.

Las emociones también han sido juzgadas como la "falla" del aparato psíquico humano, como un gran monstruo, y no lo son, las emociones son tan naturales y propias de nosotros como organismos, tal como lo es respirar, comer o beber, a tal punto natural que Antonio Damasio (neurocientífico), señala que "la percepción de las emociones es la base de lo que los seres humanos llaman desde hace milenios, el alma o el espíritu".

Entonces, ¿qué son emociones?

En términos de experiencia, las emociones son un "algo" que sentimos en el cuerpo. De modo más académico, son reacciones, vivencias internas que tienen un correlato fisiológico (energético). Son sensores, una especie de guías internos y ayudan a comunicarnos (Damasio, A.).

Experimentar emociones es parte de la naturaleza humana, clasificarlas en taxonomías (Tipo: bueno-malo, positivo-negativo) es enjuiciarlas, contribuyendo con este juicio a la represión, inhibición y/o control con el que tratamos de extinguirla.

Como dice mi amigo Alberto (en su primer libro "Un primer contacto con la Gestalt"), al no permitirnos sentir nuestras emociones entorpecemos las funciones de: autorregulación biológica, psicológica y de adaptación al entorno.

Cuando no nos permitimos sentir, es tan significativo como no permitirnos digerir, el sentir es una función natural y de esa función natural que activamos en cada situación, surgen nuestras necesidades. Mientras menos nos permitamos sentir, entonces menos registro tendremos de nuestras necesidades y por lo mismo menos satisfechos o en todo caso más insatisfechos estaremos.

Al no sentir, interrumpimos a tal punto nuestra autorregulación, que puede estar entorpecida por años, y al estar así entorpecida, favorece la aparición de síntoma como por ejemplo, gastritis, problemas pulmonares, colon irritable, etc. Así también, he atendido a personas que no se permitieron llorar la muerte de un ser querido, o el abuso que recibieron de niños, etc. y en consulta, luego de 20 o 30 años de ocurrido el hecho, pudieron romperse a llorar como lo necesitaron, un llanto de 30 años y al llorarlo y aprender a acompañar al niño interior que necesitaba el llanto, o al adolescente interior que necesitaba explotar el enojo, entonces aparece un proceso de sanación, comprensión y asimilación de la vida muy profundo y rico.


Me siento bien... me siento mal...

Habitualmente, cuando nos encontramos con alguna persona, nos preguntan o preguntamos ¿cómo estás? y lo que respondemos suele ser "bien" o "mal". Lo mismo respondemos cuando nos preguntan "¿cómo te sientes?".

Las repuestas "Bien" y "Mal" constituyen por sobretodo un cliché, pues respondemos de manera automática, incluso sin saber cómo estamos. Ambas palabras (bien y mal) constituyen juicios,  construidos socialmente a los que se le atribuye carga afectiva, sin embargo, siguen siendo juicios. Si bien cada uno tiene su escala de valor, socialmente suele estar asociado el "bien" a la alegría, tranquilidad y el "mal" a la tristeza, enojo, miedo, vergüenza, envidia, resentimiento, etc.

Siendo de este modo, es más lo que nos prohibimos sentir que lo que nos permitimos. Lo curioso es que las emociones las registramos en el cuerpo, por ejemplo, al sentir tristeza hay quienes sienten un "nudo en la garganta" o "vacío en el pecho"; al experimentar enojo, suele aparecer "calor en los brazos" "tensión en brazos y piernas"; al sentir angustia "un retorcijón en la panza"; etc.

Las emociones las experimentamos en el cuerpo y el cuerpo no siente "bien" o "mal", el cuerpo siente. Como cuerpo sentimos y al sentir, entramos en contacto con nuestra necesidad, si dejamos de enjuiciar lo que nos ocurre, y centramos nuestra atención en la zona del cuerpo en la que estamos sintiendo, ésta emoción se hará más intensa hasta llegar a la intensidad necesaria para poder descubrir qué hacer con lo que sentimos, e invertir nuestra energía en acompañarnos a sentir la emoción que estamos experimentando hasta agotarla, pues, las emociones se agotan, en cuanto energía, tienen una parte de carga y otra de descarga, cumplen un ciclo.


¿Emociones Positivas y Negativas?

Otra forma de discriminación emocional, es la clasificación que hacemos de Emociones Positivas y Emociones Negativas. Las emociones, así como no representan ni al bien ni al mal, tampoco representan lo positivo y lo negativo.

Positivo y Negativo, son juicios y tampoco les corresponden ya que las emociones, -reitero- no son juicios, las emociones son toda una experiencia, una vivencia, con un correlato fisiológico, que se traduce en sensaciones corporales, que nos anuncian el significado de estar vivos sin tener palabras para ello, son señales y funciones; y representan una parte fundamental en el camino de autodescubrimiento y trascendencia.

¿Qué hacer con mis emociones?

Sencillo.... sentirlas.

Aprender a escucharnos es aprender a conectarnos con nosotros mismos, es aprender a entrar en contacto con nuestro cuerpo, con las sensaciones que vamos identificando, explorar y adentrarnos en nuestra propia intensidad, al punto que nos permitamos sostenerlo: así nuestra emoción se constituye en mensaje, existencial incluso, y nos irá facilitando el descubrir, cada vez más claramente aquello que necesitamos y nos abrirán las puertas a un camino más genuino de expresión.

Importantísimo: Para que nuestras emociones sean camino, es importante identificar si lo que sentimos está en función a lo que ocurre en verdad, a lo que percibimos, o está en función a lo que imaginamos. Ejemplo; no es lo mismo sentir pena frente a la muerte de un ser querido, que representa un hecho; que sentir pena o angustia, frente a la idea de que reprobaré un examen, sin haberlo dado aún.


Incorporar nuestras emociones es una invitación a estar completos, aprender a responsabilizarnos por lo que hacemos con ellas, nos adentra en el camino de la madurez y poder diferenciar si parten de lo que imaginamos o de lo que percibimos, nos aporta trascendencia, nos abre las puertas a un camino de paz e integración con nosotros mismos (tan peleados que andamos) y nos abre puertas de encuentro genuino con nuestros semejantes.

Abrazo.

Os.













lunes, 23 de noviembre de 2015

¿Quienes somos Tú y Yo?

"Los sentimientos habitan en el hombre, pero el hombre habita en su amor. No hay en esto metáfora: es la realidad. El amor es un sentimiento que se adhiere al Yo de manera que el Tú sea su contenido u objeto; el amor está entre el Yo y el Tú. Quién no sepa esto, y no lo sepa con todo su ser, no conoce el amor, aunque atribuya al amor los sentimientos que experimenta, que siente, que goza y que expresa".

Martín Buber


Todas las mañanas, mientras preparo el desayuno, prendo la televisión para mirar las noticias y conocer lo que está ocurriendo en el mundo, tanto en el extranjero como en mi entorno más inmediato que son las calles que transito. Mi asombro parece inagotable, pues a cada instante veo que ocurrió una matanza, un robo y el que parece el inicio de una Tercera Guerra mundial. Por si eso fuera poco, empieza un sección llamada espectáculos en la que difunden la competencia y los dimes y diretes entre personas que se hacen llamar "farándula limeña" y promueven el culto a la falsedad y la ignorancia. Cuando me refiero a falsedad e ignorancia, no lo digo peyorativamente, me refiero a lo falso de crear personajes o mirarse a sí mismo como un personaje resaltante de la vanidad, es decir, que vive de la apariencia, de la imagen. Le llamo ignorancia al no darse cuenta (la conciencia dormida y al no saber). En la experiencia del ataque, de la competencia, de la ignorancia y de la falsedad de vivir en la apariencia, se eclipsa el amor, se eclipsa lo más profundo de ser no solamente humano, sino cósmico.


Al mirar todos estos fenómenos, me pregunto como especie, como sociedad, como humanidad, ¿quiénes somos tú y yo?

Inicié citando a Buber, lo leo y releo y me detengo en "quien no sepa esto, y no lo sepa con todo su ser, no conoce el amor, aunque atribuya al amor los sentimientos que experimenta, que siente, que goza y que expresa".

¿Cuánto daño hacemos a los demás y nos hacemos a nosotros mismos en nombre del - supuesto - amor?

Y voy más allá de la pareja, voy al profundo asunto de la cuestión. Cuando escribo esto, voy haciendo un ejercicio de memorias amorosas y a quien lee esto que escribo, lo invito también, a cerrar los ojos y convocar todas las memorias amorosas que tenga. Yo descubro que mi experiencia del amor tiene que ver con encuentro, con relación, con vínculo. Que es un vaivén de experiencia conmigo  y experiencia con los demás.

Las palabras que hallo ligadas automáticamente son: conmoverme, contemplar, resonar, educar, aprender, compartir, sostener, ser sostenido, conocer, reparar, regalar, acompañar, acoger, recibir, contribuir, silencio, pausa, acción, mirada, caricia, abrazo, disponibilidad...

En ninguna de las palabras que ligo automáticamente al recordar mis experiencias amorosas hallo el enjuiciar, el atacar, el jódete, el soy superior, el competir contigo. Me pregunto si alguno que leyó esto encontró alguna de éstas palabras.

El Cristianismo usa una palabra llamada "prójimo", a mí me gusta más usar la palabra "próximo".

¿Qué podemos descubrir con un próximo?

Aquí empieza la experiencia del crecimiento, pues Yo, al ser la primera persona del singular, significa tácitamente que hay un otro, es decir, que existe alguien más. Yo no es una existencia aislada, Yo es un fenómeno lingüístico en el que hago referencia a Mí mismo en la relación Yo-Tú. Ayuda a "ubicarnos" en el vínculo. Esto no significa ser más importante, ni más nada, significa un punto de referencia de la experiencia porque ese Tú que se vincula conmigo es para sí mismo un Yo, en el que paso a ser un Tú en la experiencia. Como tal, éste fenómeno que se llama vínculo, encuentro, etc. es el fenómeno en el que existimos. Somos seres vinculados.

De aquí que Yo y Tú somos semejantes, somos próximos, en igualdad en el vínculo, convocados y presentes en la misma experiencia. Éste encuentro, éste vínculo en su calidad de existencial, nos invita a un escenario amoroso y cuando digo escenario amoroso, me refiero a todo lo que señalé hace unas líneas: conmoverme, contemplar, resonar, educar, aprender, compartir, sostener, ser sostenido, conocer, reparar, regalar, acompañar, acoger, recibir, contribuir, silencio, pausa, acción, mirada, caricia, abrazo, disponibilidad...

Pondré éstas palabras en términos de vínculo, en términos de NOSOTROS: Conmovernos, contemplarnos, Resonarnos, Educarnos, Aprendernos, Compartirnos, Sostenernos, Ser Sostenidos, Conocernos, Repararnos, Regalarnos, Acompañarnos, Acogernos, Recibirnos, Contribuirnos, Silenciarnos, Pausarnos, Accionarnos, Mirarnos, Acariciarnos, Abrazarnos, Disponernos...

Me experimento en el amor y soy amor cuando despierto, cuando abro los ojos de la conciencia, digamos, del alma y me hallo en el encuentro, en la experiencia mutua, en la que miro y soy mirado, en la que escucho y soy escuchado, en la que sostengo y soy sostenido, en la experiencia en la que nos incluimos, en la que siendo Yo te reconozco y en la que siendo Tú me reconoces, y aunque suene confuso, en la que Tú eres Yo y Yo soy Tú, en la que somos, por muy efímera que sea la experiencia.

Sigo contemplando esto de Ser Yo y Tú... me doy cuenta con los años, que ambos, Tú y Yo, llegamos al vínculo en las mismas condiciones de libertad, es decir, ambos podemos decidir hasta cuando, ambos podemos decir adiós también, ambos podemos agradecernos por la experiencia de encuentro en la que crecimos, en la que descubrimos. Ambos llegamos igual. Ambos tenemos las mismas chances en el amor.

Cuando abrimos los ojos de la conciencia, cada vez más, cuando soltamos cualquier idea a priori sobre el encuentro, entonces nos encontramos de verdad y cuando lo hacemos, descubrimos la posibilidad de ser responsables en el amor, es decir, de hacernos cargo de estar presentes para que el encuentro ocurra.

Abrí con Martin Buber y cierro con él: "El amor es una acción cósmica. Para quien habita en el amor y contempla en el amor, los hombres se liberan de todo lo que los mezcla con la confusión universal: buenos y malvados, sabios y necios, bellos y feos, todos, uno después de otro, se tornan reales a sus ojos, se tornan otros tantos Tú, esto es, seres liberados, determinados, únicos; los ve a cada uno cara a cara. De una manera maravillosa surge de vez en cuando una presencia exclusiva. Entonces puedo ayudar, curar, educar, elevar, liberar. El amor es la responsabilidad de un Yo por un Tú. En esto reside la igualdad entre aquellos que se aman, igualdad que no podría residir en un sentimiento, cualquiera que fuese, igualdad que va del más pequeño al más grande, del más dichoso, del más protegido, de aquel cuya vida entera se halla incluida en la de un ser amado..."

Convoco a cada uno a la mayor de las profundidades que es el amor, a través del encuentro...
¿qué dices? Tú y Yo...

Os.







miércoles, 11 de noviembre de 2015

La Cultura del Tip y la Psicología



La Psicología y la especialidad de la Psicoterapia, son actividades profesionales jóvenes, sobretodo en el Perú, en comparación a otras actividades como la ingeniería, la administración, medicina, educación, etc.

Tan recientes que en sus inicios la carrera de la psicología era enseñada por médicos y recién desde la década de los 80`s es enseñada por psicólogos. En ésta misma década, se faculta al psicólogo para la intervención, es decir, para hacer psicoterapia y es desde el año 2003 o 2004, que se promulga la ley del psicólogo peruano.

A partir de esta fecha, los psicólogos empezamos a tener coincidentemente mayor posicionamiento en las instituciones y además empieza a promoverse campañas, publicidad de centros de terapia, se apertura la oficina de Prevención y Promoción de la Salud a nivel Ministerial, en el mundo del deporte aparecen equipos triunfantes con psicólogos en sus staff, en los colegios los psicólogos dejan de tener contrato de profesor y tienen contrato de psicólogo, y contribuye la globalización a través del internet por ejemplo, con mayores publicaciones y material especializado. Empieza a promoverse la cultura de la autoayuda y en el paradigma organizacional se promueve que la mayor competencia con la que puede contar una empresa para el éxito, es que sus trabajadores tengan mayor autoconocimiento.

Todos éstos factores influyen seguramente en que hoy, las personas vayan cambiando su mirada de "al psicólogo van los locos" a "siempre es bueno chequear si nos pasa algo" "siempre es bueno un consejito". No es necesariamente la mejor condición, sin embargo marca un cambio.

Lo interesante con esto del "consejito" es que entró en moda el pedir "tips", es decir, dar una receta corta para -como si fuéramos robots- reprogramarnos y tener resultados en breve plazo (imagino sostenido por la cultura de la efectividad, es decir, por la exigencia).

Cuando me presento, no suelo decir a qué me dedico, puesto que lo primero que me preguntan es si les puedo dar "tips" para unos "problemitas". Y cada vez que alguien se entera que soy psicólogo, entonces de inmediato quiere "Tips".

Los "tips" no son una sana alternativa porque la verdadera transformación interior, la evolución y el crecimiento personal, necesita tiempo, profundidad, atención, compromiso, responsabilidad. Las personas quieren "tips" para que no les ocurra lo que les ocurre y eso no es posible. Voy escribiendo y recuerdo a Fritz Perls: "Si llueve y me mojo, no soy responsable de la lluvia. Soy responsable de estar mojado". Las personas quieren "tips" para que no haya lluvia, para que las cosas no sucedan, piden "tips" para tener control de las circunstancias y en realidad el control es una ilusión.

La psicoterapia, como camino de autodescubrimiento, invita a la responsabilidad, que proviene del latín "response habilitas", que significa "habilidad para responder", es decir, la capacidad que tengo para hacerme cargo de mi existencia en las circunstancias en las que me encuentre. Para hacernos cargo, es indispensable disposición, atención a sí mismo, estar abierto a descubrir "¿qué tengo que ver yo con que esto me pase?" es descubrir, cómo hago para estar mojado cuando llueve.

Es por eso que el "tip" no es posible. Seguro es posible sugerir algunas experiencias a ver qué descubren, pero si no hay conciencia, si no es vivida la experiencia con entrega, entonces la posibilidad de descubrir y transformar es mínima o nula. Nadie cambia de un día para otro y para siempre.

Los "tips", tal como lo veo yo, son una forma de cristalizar nuestra identidad en la construcción de un rol, de cómo comportarse para poder lograr. ¿Cuántas sonrisas, apretones de manos o abrazos, son un tip y no llevan la franqueza y genuinidad consigo?. Por ejemplo, los gestos políticos, los saludos, las sonrisas, las frases armadas para que la gente compre el voto.

No se trata de incorporar "tips" para robotizarnos, se trata de aprender a incorporar desde la profundidad, desde el interior. La mirada profunda, el silencio reparador, el abrazo sostenedor, la sonrisa alegre, la maravillosa lágrima de la pena, todos como destellos de genuinidad.

Un "tip" no alcanza para la genuinidad, no alcanza para ser uno mismo.

Cuando recibo en el consultorio a las personas, desde la primera sesión les presento el panorama, es decir, les pregunto si están en consulta por ellos mismos y si están dispuestos a entregarse al proceso, porque mi compromiso es acompañarlos al infierno mismo y no estoy dispuesto a poner más entrega y energía, siendo el proceso de ellos. Les cuento que la terapia implica compromiso. He recibido personas a las que les he dicho que no los llamaré para otra cita, si no que dado lo que hemos conversado revisen si se sienten dispuestos porque a la terapia se llega por elección y esa elección es una responsabilidad (capacidad de respuesta), es decir, no tomen la terapia porque "me manda mi esposa para no divorciarnos" o "mi papá sino no me compra lo que quiero", etc. Cuando es así, los invito a retirarse y pensar si están dispuestos a la terapia, y si es así, entonces los recibiré con disposición y cariño. Y bueno, algunos llaman y otros no.

Seguro que la cultura del "tip" es parte de un cambio, cambio que todavía no alcanza para el desarrollo de una sociedad armónica. Pienso que podríamos empezar a fomentar la elección, el deseo de profundidad y el empezar a despegarnos de la superficialidad. Los beneficios son maravillosos,  son el reencuentro con uno mismo.

Cierro con una frase del poeta Antonio Machado:

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar.... al andar se hace camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar".





martes, 27 de octubre de 2015

Credo

Éste es mi credo personal, aquello en lo que creo como una posibilidad de encuentro honesto, libre y trascendente:



Creo y prefiero estar honestamente peleado (distanciado) que falsamente amistado,
tener claro que estoy confundido que engañarme/te con algo que no siento,
responder a mi ritmo y no al tuyo.

Y viceversa también,
creo y prefiero tu distancia honesta que tu engorrosa cercanía,
que sepas de tu confusión antes de engañarte/me con lo que no sientes,
que respondas a tu ritmo y no al mío. 

Creo en la expresión (que no lastima) y no en el juicio que califica y aleja.
Creo en un vínculo de a dos, donde te percibo y me percibes,
no en el de a uno donde te imagino y me imaginas. 


Creo en el contacto y en hacerme cargo (ser responsable),
no creo en la posibilidad de culparnos y justificarnos en "tuve un mal día".
Creo en el reparo que acompaña el dolor y
no en la distracción con la que puedo evitarlo.

Creo que para amar (te/me) basta un instante, el de encuentro genuino;
creo en el silencio que sostiene y ensordece,
creo en la lágrima y la risa.

Yo soy yo y tú eres tú;
si nos encontramos es hermoso, hacemos un nosotros
y si no nos encontramos, no hay dramas, es hermoso también.


Os.







jueves, 22 de octubre de 2015

Del deber ser, la exigencia y otra (in-sana) costumbre

Al tocar estos temas y sobretodo al llamarlos "in-sanos", seguro choco con quienes predican el deber ser y la exigencia. Hoy ya no solamente es el modelo casero, sino además una idea de fondo que se mantiene en el sistema. Ambos están ligados, pero dado que la escritura sigue una linealidad, empezaré por el "deber ser", continuaré con la "exigencia" y cerraré con "otra in-sana costumbre".

Personalmente al "deber ser" lo asocio con exigencia y deuda. Si yo "debo", entonces tengo una deuda, si yo "debo ser", entonces tengo una deuda existencial por la cual "tengo" (palabra que denota exigencia) que ser de una manera específica. Pero ahí no queda la cosa, porque esa "forma de ser", está cargada por las expectativas de mamá, papá, abuelos, tíos, amigos, etc., forma que en ningún momento fue consultada con nosotros mismos, sino lo creen, les invito a cerrar sus ojos por un momento, respirar hondo para conectar con su cuerpo y  empezar a evocar todos los recuerdos que puedan a lo largo de su vida en donde alguien les dijo "tú tienes que ser...". ¿Quién o quienes son ese alguien? ¿qué mensajes descubrieron?. Ahora les invito a continuar el ejercicio, ¿alguien les consultó si querían o podían?.  

Éste "deber ser" con el tiempo, lo vamos comprando e inflando con todo lo que además nosotros nos ponemos como expectativa para nosotros mismos. Y en este cargar las expectativas que tienen los demás, sumado a las propias (no necesariamente bien definidas), vamos haciendo camino y forjando las bases de la exigencia... ¿y qué es la exigencia?.... (piénsalo un rato antes de seguir leyéndome...ten tu propia respuesta a mano)...

La exigencia es un vínculo....(ahora tómate un tiempo y piensa en esto "es un vínculo")... es un vínculo en el que existe un "Exigidor o Exigente" y un "Exigido", la exigencia es el vínculo entre "exigente" y "exigido"... (ahora dale vueltas un rato... piénsalo.... repite esta definición un par de veces y revisa ¿qué piensas? ¿qué sientes?, te invito a fijarte si coincide con lo que llamas exigencia...).

Es un vínculo, y que lo sea no significa que sean dos personas, es decir, no solamente es interpersonal, es inicialmente un vínculo intrapsíquico, es decir, es un vínculo yo conmigo mismo. Si lo desmenuzo un poco más, podría citar a Norberto Levy (creador de la autoasistencia psicológica) cuando dice que la mente programa y el cuerpo realiza y que al alterarse esta función, mente es exigente y cuerpo es exigido.  

La exigencia es aquello con lo que más he convivido en mí; y con los años, las consecuencias, la psicoterapia y las experiencias que he vivido y vivo, es una trama que conozco muy hondamente. He logrado y me doy cuenta que cada día logro tener más presente mi capacidad para flexibilizarme, y es a partir de esto que les comparto lo siguiente.

Decía líneas atrás que la exigencia es un vínculo y las características de éste vínculo son:


- La pérdida de la capacidad de contemplar al otro (de parte del exigente): Con no contemplar al otro, me estoy refiriendo a que cuando exigimos, perdemos de vista si a quien le pedimos, tiene o no la capacidad para realizarlo, si cuenta con los recursos necesarios. Ejemplo, son las 2 de la tarde y le pedimos al empleado del edificio que nos lave el auto y deje de hacer todo lo que hace porque se nos ha presentado una reunión. No parece una exigencia, sin embargo, siendo la hora que es, no le hemos preguntado si puede, si ya almorzó, si está almorzando, si tiene los implementos o el tiempo para hacerlo, etc.

- La imposición: Como continuación al punto anterior, al no contemplar, le coloco al otro una meta (ese algo que quiero que haga) en la que no le consulté nada y en el exceso, esto viene con un condicionante. Tomo el ejemplo anterior, llamo al empleado del edificio y levanto el tono de voz, sin pedirle, sino mandándole, y pienso "carajo, todavía que lo llamo y se demora.... la próxima no le doy propina".

Alteración de la temporalidad: Es muy sencillo, la típica frase del exigente es "para ayer", "lo quiero ¡ya!" y por el estilo.

- Pérdida de la capacidad de autoactualización: Hace un par de años, dando un feedback a una trabajadora en una empresa, luego de una serie de evaluaciones de desempeño y de la personalidad, recuerdo haberle dicho "Exigirse es como pretender alcanzar el horizonte... por más que nades y nades en la mar, nunca te acercarás a él". Ese es el espejismo del exigente, no sólo cree que alcanzará lo inalcanzable, sino que se desgasta en el camino y aún así, se empuja a sí mismo y/o a los demás a seguir, sin reconocer todo lo que ha nadado, sin darse cuenta todo lo que alcanzó hasta el momento.

- Pérdida de la capacidad de disfrute: Quien se exige está más conectado con pensar en cómo lograr y en ser su propio capataz interior para no perder el ritmo, que con su cuerpo, con su endurecimiento muscular, con la tensión que experimenta y pierde su capacidad de entrega al placer, su capacidad para disfrutar del momento que experimenta, su capacidad para estar presente.

- Dificultad para el establecimiento de límites y Omnipotencia: Al exigente le cuesta decir "¡no!", reconocer sus límites, lo que puede y lo que no puede, sosteniéndose en el lema "querer es poder". El "querer" tiene que ver con la voluntad, la necesidad y el deseo y el "poder" tiene que ver con los recursos. A veces coinciden, sin embargo, no son lo mismo. Querer es querer y poder es poder.

- Desgaste y Frustración: Al inicio la energía dispuesta es absoluta y muy cargada, entonces comienzan los logros, sin embargo, con el paso del tiempo, empieza a haber un desgaste. Si vuelvo a la mirada vincular, el "Exigido" ya no tiene energía, ya no puede más y el "exigente" pide y pide y pide. Cuando esto ocurre aparece el llamado esfuerzo y el esfuerzo no es otra cosa que usar la energía extra. Y el "exigente" quiere más y el "exigido" no puede más, de modo que empieza un desgaste y aparecen los síntomas del "estrés". Por ejemplo, una persona que se queda todos los días "extra" en el trabajo y a veces no come, no se toma su hora de almuerzo, no se toma una pausa, y se toma la hora extra, ya no puede con el cansancio, pero igual se queda para seguir "produciendo" y no lo logra. Mientras el "exigido" se desgasta, entonces el "exigente" se frustra. Nunca olviden, a mayor expectativa, mayor frustración.


Cuando estas características se profundizan en intensidad, se presentan juntas, la exigencia empieza a colindar con otras funciones/emociones que desatan un desequilibrio organísmico y son dos básicamente: la voracidad y la culpa.

- La voracidad es la incorporación sin registro de saciedad, es decir, "nunca es suficiente" y como dice Norberto Levy, tiene cuatro características: 1).- lo quiero todo, 2).- lo quiero ¡ya!, 3).- lo quiero como sea y 4).- lo quiero para siempre.

- La culpa, es también un vínculo, entre un culpador y un culpado. El problema de la culpa, como dice mi amigo Miguel (Psicoterapeuta Gestalt), es que siempre termina en agresión. En sencillo, terminamos embroncados con nosotros mismos.


Ahora paso a la otra (in-sana) costumbre. Considero que la más insana costumbre es la de difundir la exigencia como la única forma de crecimiento, de deber ser. Pienso que es importante atravesarla, pienso que es importante vivirla como una excepción en aquello que elijamos como relevante para poder dar nuestro esfuerzo; y creo también que si la exigencia se vuelve forma de vida, entonces será tóxica y enfermante.

Tanto en la exigencia como en el deber ser, nos restamos genuinidad, entramos en una suerte de robotización, de automatismo y la respuesta es muy sencilla: "es que tengo que". Desde el mismo hecho de someternos a nosotros mismos a través de exigirnos, perdemos libertad porque cambiamos el "elijo" por "me exijo" y al ir ocurriendo esto, la felicidad la volvemos inalcanzable, sino innombrable.

Hasta la próxima.

Os.

lunes, 19 de octubre de 2015

La Presencia y el Lenguaje: De lo Coloquial a lo Técnico

He notado con los años lo acostumbrados que estamos a confundir algunos términos que al ser expresados de modo coloquial, dificultan el contacto con uno mismo, con nuestras emociones y nuestros pensamientos y en consecuencia, con los demás.

Cuando hablo de presencia, significa el hecho de estar presente en el vínculo, y eso solo se logra con nuestros sentidos, a través de nuestra percepción, es decir, mirando, escuchando, tocando, oliendo y gustando del momento en el que nos encontramos. Así también, conectados con nuestras emociones, con las emociones que experimentamos frente a las personas y situaciones del momento, experimentado como un continuo.

Confundimos nuestra percepción, con nuestra interpretación y con nuestros juicios del momento o de las personas. La percepción puede ser descrita y está consensuada, como tal los juicios no son parte de la percepción. Confundimos nuestra percepción con la palabra "siento", con la cual también confundimos lo que pensamos. Ejemplos:

- Cuando alguien dice "siento que tu sala es bonita", no lo sentimos, el sentir es un fenómeno que ocurre "de la piel para adentro", en el cuerpo, como tal no puedo sentir la sala, y menos que es "bonita", puesto que en el cuerpo no siento "bonito". Es diferente a decir: "Me gusta tu sala: las alfombras marrones, los cojines en el piso y los cuadros con los que decoras, me siento tranquilo en ella". Aquí estoy hablando de mi gusto, de mi tranquilidad frente a cómo está constituida, a mi percepción de la sala.

- Cuando le preguntamos a alguien "¿cómo estás, cómo te sientes?" y la repuesta es "bien" o "siento que esto no debe ser", no nos está contando cómo se siente sino cómo piensa, pues las emociones tienen un registro corporal y pueden ser descritas como sensación en el cuerpo. No existe "sentirse bien" o "sentirse mal" no existen "emociones positivas" o "emociones negativas". Comúnmente cuando una persona dice "siento que" lo que continua es un pensamiento. En este caso sería "pienso que está bien" "pienso que esto no debería ser" y en todo caso, lo que puedo sentir son todas las emociones propias de mi experiencia; alegría, tristeza, enojo, miedo, vergüenza, etc.

- Es común escuchar, por ejemplo, "estoy depre". En realidad eso es estar triste, la depresión es un espectro clínico, que no sólo significa estoy triste, es tristeza continua por más de dos semanas, alteraciones en el sueño, sobretodo al despertar, alteración en el apetito (disminución), disminución de la energía vital sin realizar actividades significativas, pérdida o disminución de la capacidad de disfrute y en casos más extremos, abulia (pérdida de voluntad), alteración de la percepción (alucinaciones auditivas de contenido culpador), ideación suicida e intentos de suicidio.

- Otra forma común es decirle a los demás "me haces sentir..." por ejemplo, "me haces sentir triste", "me haces sentir alegre", etc. Nadie nos puede hacer sentir, somos nosotros los que sentimos frente a un otro. Decir "me haces sentir" es atribuirle culpa por nuestros estados anímicos a los demás y a mayor culpa, menor responsabilidad. Cuando en cambio hablamos en primera persona del singular "yo"; entonces nos hacemos responsables de cómo nos sentimos y nos otorgamos la maravillosa libertad de sentir hasta agotar nuestra emoción, de resolver la situación que vivimos al sentir y le restamos al otro la capacidad de resolvernos la vida, es la forma de empoderarnos, de aprender a pararnos sobre nuestros pies, de hacernos cargo de nuestra existencia, de estar presente. El cambio es: "me siento triste", "me siento alegre", etc.


Te invito lector a probar estos cambios en tu discurso y en tu mirada del mundo... notarás la diferencia.

Abrazo.

Os.






lunes, 12 de octubre de 2015

Psicoterapia: Prejuicios, mitos y experiencias


Tengo 15 años alrededor del mundo de la Psicología, desde que era estudiante, y a lo largo del tiempo fui escuchando (hoy cada vez menos) distintos comentarios al respecto de mi profesión y no sólo de parte de cualquier persona sin relación a la carrera, sino también de psicólogos en su mayoría algunos profesores. Algunos le llaman resistencias, otros mecanismos de defensa, otros más sencillamente excusas... yo prefiero llamarles prejuicios o mitos, bajo la acepción de que un mito es una historia o relato que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad (diccionario libre de internet).

Éstos mitos son:

  • "No voy al psicólogo porque eso es para locos"
  • "No voy a ir donde alguien a que me diga lo que tengo que hacer"
  • "No creo en eso"
  • "Vamos entonces hija/o, para que el psicólogo vea que tengo la razón"
  • "Dígame si lo que hago es correcto"
  • "Es pagar plata en vano porque el psicólogo nada puede hacer"
  • "Basta con que yo quiero cambiar, al fin y al cabo: querer es poder"

Y de parte de mis colegas:

  • "Los psicólogos somos dioses para el paciente"
  • "Ellos necesitan terapia, pero yo no"
  • "Yo se lo que tienen que hacer"
  • "Si el paciente no quiere es por sus mecanismos de defensa"
  • "A uno no puede afectarle las cosas de los pacientes"
  • "Está mal llorar con el paciente"

Además de éstos comentarios, he presenciado actitudes desafiantes, de competencia que los acompañan.

No voy a desmenuzar mito por mito, sí quiero permitirme escribir lo que fui aprendiendo en todo este tiempo, en mi paso por la Psicoterapia, como paciente y como terapeuta.

Lo primero es que Psicólogo y Psicoterapeuta no son lo mismo, la Psicología es una profesión, para algunos epistemólogos una ciencia social y para otros no. La psicoterapia, es una especialidad compartida (médicos y psicólogos básicamente), es el arte de acompañar a otro, e incluso no sólo arte sino artesanía. El psicólogo en su formación no sale capacitado para atender procesos de acompañamiento, sino más bien, capacitado para procesos de evaluación, capacitación e investigación. El Psicoterapeuta, pasa por terapia, necesita ser paciente para conocer el proceso además de la formación filosófica, teórica y técnica que el psicólogo no recibe. Con todo esto, quien está habilitado para acompañar procesos a profundidad son los psicoterapeutas, todos los psicoterapeutas mas no todos los psicólogos.

Lo segundo, la psicoterapia requiere de una actitud amorosa (de parte del terapeuta), la disposición de recibir a alguien para acompañarlo a atravesar su propio infierno, para mirarlo de modo contemplativo, resonar, lo cual significa tomar conciencia de lo que siento y lo que me pasa frente a lo que el paciente vive y desde esa resonancia proponerle un escenario de descubrimiento de sí mismo, para que desarrolle sus propios recursos y vaya a su ritmo resolviendo aquello que necesita.  La actitud amorosa con la que acompañamos, no consiste en decirle lo que tiene que hacer ni tampoco en usar técnicas por usarlas, si es así, son sólo trucos. Recuerdo una sesión en la que una paciente de unos 35 años mayor que yo, me contaba la situación dolorosa que estaba viviendo por el fallecimiento de uno de sus hijos hacía tres años y me dijo "No sabes lo que es para una madre perder a un hijo" y recuerdo haberle respondido: "No, no lo sé ni lo sabré... nunca seré madre... pero al escucharte convoco todas mis memorias de dolor y resueno contigo... No sé si esto te alcance para que yo te acompañe, pero puedo ofrecerte todo este resonar y respeto hacia lo que vives, yo no voy a enseñarte cómo vivir, eres tú quien tiene mucho por enseñarme a mí...". Dicho esto, empezamos un proceso que duró 1 año y medio aproximadamente, en el que pudo cerrar el duelo e incluso volver a vestirse de gala para ir a fiestas (ella se había prometido en la muerte de su hijo años atrás no celebrar nunca más). Han pasado algunos años de esto, y hoy por hoy, me llama cuando tiene alguna consulta o a veces para tomarnos un café o comer un dulce. Pudo cerrar el duelo y hoy por hoy vive feliz.

Un tercer punto, es que no somos dioses de nadie, somos un ser humano más. Hay que atender con disposición, con humildad, con límites también, reconociendo lo que podemos y lo que no podemos. Hace unos años recuerdo que tuve una noche muy dura, había soñado situaciones muy intensas y desperté llorando, así que decidí ducharme y desayunar a ver si me sentía más calmado, pues en dos horas empezaba a atender. Mientras desayunaba se me caían las lágrimas en el café, así que decidí llamar a las personas que iba a atender ese día y les conté acerca de cómo estaba sintiéndome y uno de ellos, tal vez aquel al que más le costaba sensibilizarse me dijo: "no te preocupes Oswaldo, atiende lo que te está pasando y cuando estés más tranquilo me llamas y reagendamos, no te preocupes". Me experimenté sostenido por mi paciente, fue entonces que entendí que "lo que cura es el vínculo" como decía Irving Yalom. De pronto mi paciente se sensibilizó conmigo, me brindó este soporte con su actitud y a partir de esa experiencia, empezaron a ocurrir en él muchos cambios para su vida ya que tomó contacto con su propia sensibilidad.

El psicoterapeuta no es juez de nadie y es mucho más experto cuando está sostenido en su capacidad de autoapoyo, lo cual va desarrollando con su experiencia. Esto no tiene que ver necesariamente con la edad, aunque es cierto que la edad ayuda. Tiene que ver con el camino recorrido, con las heridas atendidas, no necesariamente sanadas puesto que no somos seres realizados, sino en realización. Es el diálogo constante entre nuestras partes interiores, la parte herida y la parte que asiste:

PARTE QUE ASISTE: "Estoy aquí, con delicadeza y dulzura, con disposición, respeto y honra, estoy aquí completo, para lo que me necesites, no para decirte qué hacer, sino dispuesto a que me enseñes cómo quieres que te acompañe, a transformarme en aprendiz de tu amor, sin tiempo, sin espera (sin angustia), sin atadura, desde la libertad... te elijo... aquí estoy contigo..."

PARTE HERIDA: "Cuando me tratas así, puedo, no sólo quiero, sino que puedo ser, a mi ritmo, no al tuyo... cuando me tratas así soy feliz, encuentro en tí sostén, encuentro posibilidad... me afirmo y soy..."


La Psicoterapia también consiste en poder frustrar aquellos aspectos con los que manipulamos y esto no puede ser negado ya que nos hemos tragado la misma cultura. Un proceso de psicoterapia implica la mirada amorosa para acompañar y la frustración de la manipulación, para aperturar un vínculo honesto del paciente consigo mismo. Un ejemplos simple, sencillo, cuando una persona llega a consulta y de pronto dice estar triste y está riendo, más de una vez he marcado esta inconsistencia, "el que está triste no se ríe" y de pronto fue la confrontación (frustración) que necesitaba para aperturarse al llanto, a llorar la pena tal como la necesita, soltando la idea de que hay que evitarla y sonreír siempre.


Me encantaría honestamente, que esto que he escrito pueda servir a cualquier persona que necesite atención, acompañamiento, La terapia no es para locos, la terapia es para todos, para todos los que estén dispuesto a descubrirse, a caminar, a atender las heridas propias de su historia y conectar con esa fuente maravillosa que es... ir resplandeciendo con destellos de genuinidad.


Abrazo fuerte.

Os.

miércoles, 7 de octubre de 2015

La Sociedad de los (A) Normales


Desde hace mucho tiempo, siglos -y quién sabe cuántos- se habla de "normalidad" en la sociedad. La normalidad tiene dos acepciones básicas: la primera, hace referencia a una condición de los metales, a su maleabilidad bajo ciertas condiciones; la segunda, a criterios que se ajustan a valores medios, es decir, dentro de la media en una curva de Gauss, es decir, es un criterio estadístico.

El Ser Humano no es un metal y no es un estudio matemático-estadístico, sin embargo, bajo ésta lupa hemos establecido como sociedad criterios de fragmentación y para sostener el "equilibrio" a los que no son "normales" hemos buscado que extirparlos y (como "La Sociedad de los Normales") hemos buscado fabricar una sociedad de la obediencia y el sometimiento, por lo cual está prohibido el desviarse, el reclamar derechos (y ni siquiera reclamarlos, sino solicitarlos) pues al hacerlo nos desviamos de la media y caemos en la Anormalidad. 

De esta manera, las distintas sociedades, sostenidas en pensamiento político, religioso, científico, han buscado tapar el sol con un dedo, mandando callar la voz interior, la dignidad de nuestras emociones, por ejemplo, "deja de llorar, no me hagas espectáculos", "te voy a meter un cachetazo a ver si te callas y voy a rezar por tí a ver si cambias", o buscar sotener vínculos donde existe el maltrato y el mayor apoyo es "reza para que Dios te escuche y haga el cambio en tu esposo", y a nivel político, los más recientes temas de discusión sobre "la unión civil", "el aborto" donde las declaraciones son realmente alarmantes y lamentables como: "es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera, porque se produce un estado de estrés, un estado de shock en la persona donde obviamente en la mujer no hay ningún tipo de lubricación... es casi imposible que se produzca un embarazo" o  la discusión sobre la Unión Civil, en discursos tales como "Dios creó a Adan y Eva y no Adán y Esteban".

La busca de ésta normalidad y la intolerancia ha llevado a situaciones catastróficas en la historia, a una escisión de la humanidad que va desde el maltrato, hasta la pérdida del respeto y la violación de derechos, de la dignidad, por ejemplo, la historia de la psiquiatría, como sostener a inicios del siglo pasado la idea de que las personas "negras" sufren de "negritud" una especie de "lepra" por la que no trabajaban y por lo cual había que azotarlos, luego se dijo que las personas con "dificultades mentales" había que perforarles el cerebro y se estructuraron las lobotomías e incluso en Estados Unidos se creó el "Lobotomóvil", o la Eugenesia, con la que Hitler se fundamentó para la desaparición de los "no aptos", aquellos que "degeneraban" la genética humana... cuántos lamentables ejemplos.



Y aunque han habido modificaciones, yo le llamaría sofisticaciones, una especie de engalantamiento de la historia y de la manipulación, el fondo sigue siendo el mismo y no consideramos que DISIMULAR NO CAMBIA LA HISTORIA,  una sociedad de obedientes que fabrica en moldes de "normalidad" está condenada a repetir lo mismo. 

Han habido también distintas manifestaciones en busca de la aceptación de la diferencia, no todas exitosas, sin embargo, movimientos importantes a distinto nivel: cultural, musical, Psicoterapeútico, artístico, etc. que buscaban hacer frente y contra al sistema establecido, a través de distintas expresiones, como Pink Floyd y The Wall, como el festival Woodstock,  el movimiento de la contracultura y el Hippismo (que algunos consideraron expresión máxima de la contracultura), los punk´s en europa, aquí en el Perú los movimientos subterráneos hacia los años 80´s, la cultura psicodélica, etc.

Aún existen diferencias, aún está presente el fraccionamiento, pues no se llega a una mirada contemplativa primero, una mirada igualitaria, en donde podamos reconocer no solo lo diferentes u opuestos que somos, sino avanzar hacia un reconocimiento de partes, donde nos reconozcamos todos partes de un todo, un mismo todo, en el que así como reconocemos la diferencia podamos ver que también hay algo del otro en mí, como decimos aquí en Perú "que Inga tiene de Mandinga", hasta funcionar complementariamente y tal vez así, lleguemos a una gran integración. Más técnicamente lo digo así: La contemplación de la diferencia es un enriquecimiento vincular que construye complementos desde la singularidad e irrepetibilidad de cada uno. 

Barry Stevens, fue una psicoterapeuta que decía "Mi humanidad disminuye cuando excluyo cualquier parte de mí misma", y creo que esto aplica a nivel macro, pues, nuestra humanidad (como sociedad, como mundo) disminuye cuando excluimos cualquier parte de nosotros mismos. Hoy por hoy, no son las políticas las que puedan facilitar el cambio, pues en los gobiernos (sobretodo en el peruano) no existe la sostenibilidad y como tal cualquier decisión es anulada por el gobierno siguiente. Hoy por hoy, considero que la gran revolución es como dice Claudio Naranjo, una revolución de la conciencia, el autoconocimiento por el cual podemos descubrir y asumir quienes somos, una actitud amorosa de reconciliación, una mirada compasiva y admirativa. Cuando despertamos, cuando nos damos luz a nosotros mismos, entonces podemos proponer lo mismo a los demás, pues como es adentro es afuera.

Termino citando un escrito hermoso, que se lo atribuyen a Charles Chaplin:


Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!
No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
Charles Chaplin.
 

Hasta pronto. Abrazo.

Oswaldo.