miércoles, 7 de octubre de 2015

La Sociedad de los (A) Normales


Desde hace mucho tiempo, siglos -y quién sabe cuántos- se habla de "normalidad" en la sociedad. La normalidad tiene dos acepciones básicas: la primera, hace referencia a una condición de los metales, a su maleabilidad bajo ciertas condiciones; la segunda, a criterios que se ajustan a valores medios, es decir, dentro de la media en una curva de Gauss, es decir, es un criterio estadístico.

El Ser Humano no es un metal y no es un estudio matemático-estadístico, sin embargo, bajo ésta lupa hemos establecido como sociedad criterios de fragmentación y para sostener el "equilibrio" a los que no son "normales" hemos buscado que extirparlos y (como "La Sociedad de los Normales") hemos buscado fabricar una sociedad de la obediencia y el sometimiento, por lo cual está prohibido el desviarse, el reclamar derechos (y ni siquiera reclamarlos, sino solicitarlos) pues al hacerlo nos desviamos de la media y caemos en la Anormalidad. 

De esta manera, las distintas sociedades, sostenidas en pensamiento político, religioso, científico, han buscado tapar el sol con un dedo, mandando callar la voz interior, la dignidad de nuestras emociones, por ejemplo, "deja de llorar, no me hagas espectáculos", "te voy a meter un cachetazo a ver si te callas y voy a rezar por tí a ver si cambias", o buscar sotener vínculos donde existe el maltrato y el mayor apoyo es "reza para que Dios te escuche y haga el cambio en tu esposo", y a nivel político, los más recientes temas de discusión sobre "la unión civil", "el aborto" donde las declaraciones son realmente alarmantes y lamentables como: "es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera, porque se produce un estado de estrés, un estado de shock en la persona donde obviamente en la mujer no hay ningún tipo de lubricación... es casi imposible que se produzca un embarazo" o  la discusión sobre la Unión Civil, en discursos tales como "Dios creó a Adan y Eva y no Adán y Esteban".

La busca de ésta normalidad y la intolerancia ha llevado a situaciones catastróficas en la historia, a una escisión de la humanidad que va desde el maltrato, hasta la pérdida del respeto y la violación de derechos, de la dignidad, por ejemplo, la historia de la psiquiatría, como sostener a inicios del siglo pasado la idea de que las personas "negras" sufren de "negritud" una especie de "lepra" por la que no trabajaban y por lo cual había que azotarlos, luego se dijo que las personas con "dificultades mentales" había que perforarles el cerebro y se estructuraron las lobotomías e incluso en Estados Unidos se creó el "Lobotomóvil", o la Eugenesia, con la que Hitler se fundamentó para la desaparición de los "no aptos", aquellos que "degeneraban" la genética humana... cuántos lamentables ejemplos.



Y aunque han habido modificaciones, yo le llamaría sofisticaciones, una especie de engalantamiento de la historia y de la manipulación, el fondo sigue siendo el mismo y no consideramos que DISIMULAR NO CAMBIA LA HISTORIA,  una sociedad de obedientes que fabrica en moldes de "normalidad" está condenada a repetir lo mismo. 

Han habido también distintas manifestaciones en busca de la aceptación de la diferencia, no todas exitosas, sin embargo, movimientos importantes a distinto nivel: cultural, musical, Psicoterapeútico, artístico, etc. que buscaban hacer frente y contra al sistema establecido, a través de distintas expresiones, como Pink Floyd y The Wall, como el festival Woodstock,  el movimiento de la contracultura y el Hippismo (que algunos consideraron expresión máxima de la contracultura), los punk´s en europa, aquí en el Perú los movimientos subterráneos hacia los años 80´s, la cultura psicodélica, etc.

Aún existen diferencias, aún está presente el fraccionamiento, pues no se llega a una mirada contemplativa primero, una mirada igualitaria, en donde podamos reconocer no solo lo diferentes u opuestos que somos, sino avanzar hacia un reconocimiento de partes, donde nos reconozcamos todos partes de un todo, un mismo todo, en el que así como reconocemos la diferencia podamos ver que también hay algo del otro en mí, como decimos aquí en Perú "que Inga tiene de Mandinga", hasta funcionar complementariamente y tal vez así, lleguemos a una gran integración. Más técnicamente lo digo así: La contemplación de la diferencia es un enriquecimiento vincular que construye complementos desde la singularidad e irrepetibilidad de cada uno. 

Barry Stevens, fue una psicoterapeuta que decía "Mi humanidad disminuye cuando excluyo cualquier parte de mí misma", y creo que esto aplica a nivel macro, pues, nuestra humanidad (como sociedad, como mundo) disminuye cuando excluimos cualquier parte de nosotros mismos. Hoy por hoy, no son las políticas las que puedan facilitar el cambio, pues en los gobiernos (sobretodo en el peruano) no existe la sostenibilidad y como tal cualquier decisión es anulada por el gobierno siguiente. Hoy por hoy, considero que la gran revolución es como dice Claudio Naranjo, una revolución de la conciencia, el autoconocimiento por el cual podemos descubrir y asumir quienes somos, una actitud amorosa de reconciliación, una mirada compasiva y admirativa. Cuando despertamos, cuando nos damos luz a nosotros mismos, entonces podemos proponer lo mismo a los demás, pues como es adentro es afuera.

Termino citando un escrito hermoso, que se lo atribuyen a Charles Chaplin:


Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!
No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
Charles Chaplin.
 

Hasta pronto. Abrazo.

Oswaldo.

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