¿qué es el impasse?
El impasse es ese momento, esa situación existencial en la que he soltado algún recurso, forma de vida, costumbre, etc. y en el que aún no he hallado uno nuevo. El impasse es un momento de tránsito, es como un bebé, el cual va soltar la teta por el biberón, o el peluche viejo para recibir uno nuevo. Voy recordando también la antigua serie "Tarzán", es ese momento en el que suelta la Liana y aún no ha tomado una nueva.
Si llevo este impasse a ejemplos concretos más cotidianos, está el haber salido del trabajo y aún no haber conseguido otro, haber terminado una relación de pareja, que implica un estilo de vida, hábitos, actividades, etc. y de pronto terminar y hallarse sin ninguna de esa posibilidades; es el momento en que se acaba una situación, experiencia y nos quedamos "en el aire".
¿Qué implicancia tiene?
El Impasse suele proponernos el escenario para la experiencia del vacío, la experiencia de angustia, es un escenario que nos confronta con el dolor y con toda emoción pendiente, es decir, aquella que no nos permitimos sentir.
Cuando nos atrevemos a transitar el impasse, entonces nos atrevemos a sentir, a conectarnos con nuestra más profunda dimensión, pues la experiencia de crisis, dolor, vacío, son experiencias transformadoras, que nos permiten desarrollar nuevos recursos ante la vida, pues sólo del vacío surge la creatividad, y con creatividad no me refiero a ideas nuevas, me refiero a propuestas nuevas de vida, a lo que llamamos Ajuste Creativo, es decir, la capacidad para resolver de forma novedosa aquello que vamos viviendo.
Cuando por el contrario, no nos animamos a vivir el impasse, tendemos a regresar a lo mismo. Un claro ejemplo de un impasse no resuelto es el dicho "más vale malo conocido que bueno por conocer". La no resolución del impasse significa volver a lo mismo, utilizar lo ya conocido. Me parece un ejemplo clarísimo a nivel social, lo que pasa en política, si revisamos a los candidatos, quienes tienden a liderar los procesos son exactamente los mismos, no miramos alternativas diferentes como sociedad, no nos lanzamos al vacío de una nueva posibilidad, no estamos dispuestos al cambio.
Recuerdo un cuento de Jorge Bucay:
...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?
Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra.
.. Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.
La Resolución del impasse consiste en esto, en animarnos a correr el riesgo y ese riesgo es el transitar todas nuestras emociones, vivenciar el vacío, la angustia, el dolor y aprender a acompañarnos a nosotros mismos en ello. Vamos resolviendo el impasse cuando empezamos a decidir diferente, a asumir (responsablemente) nuestras decisiones y cuando poco a poco vamos aprendiendo a disfrutar de lo que vivimos, sea pena, alegría, miedo, etc. aprendemos a disfrutar de estar vivos incluidas nuestras emociones sean cuales fueran.
Me encanta como lo dice Alexandre Jollien: "¡Qué consagrado oficio, el de ser hombre! Alegre y austero, exige una peligrosa inversión de todos los instantes!".
Atravesar el impasse nos permite tener un registro más amplio de lo que significa ser nosotros mismos, un aumento en la experiencia de ser, una mayor posibilidad de aprender a SER genuinamente nosotros.
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