A diario, no sólo en el consultorio sino también en aulas, en programas de entrenamiento emocional (como los de inteligencia emocional, asertividad, etc.), leo y escucho que clasifican las emociones, es decir, le dan importancia según la conveniencia. Ésta forma de nombrar las emociones y clasificarlas está difundida y sostenida culturalmente y además le adhieren un sustento: "esas emociones son negativas porque te hacen reaccionar así". Ninguna emoción "nos hace" reaccionar, eso es restarnos la responsabilidad del sentir, somos nosotros los que hacemos algo al sentir la emoción que sentimos, en otras palabras, no somos responsables de sentir, sino de lo que hacemos con lo que sentimos.
Hay incluso, quienes atribuyen a nuestras emociones como causa de catástrofes y de muchas decisiones que en consecuencia fueron desfavorables. Incluso hay miradas racionalistas al respecto y quienes se niegan la posibilidad de sentir.
Las emociones también han sido juzgadas como la "falla" del aparato psíquico humano, como un gran monstruo, y no lo son, las emociones son tan naturales y propias de nosotros como organismos, tal como lo es respirar, comer o beber, a tal punto natural que Antonio Damasio (neurocientífico), señala que "la percepción de las emociones es la base de lo que los seres humanos llaman desde hace milenios, el alma o el espíritu".
Entonces, ¿qué son emociones?
En términos de experiencia, las emociones son un "algo" que sentimos en el cuerpo. De modo más académico, son reacciones, vivencias internas que tienen un correlato fisiológico (energético). Son sensores, una especie de guías internos y ayudan a comunicarnos (Damasio, A.).
Experimentar emociones es parte de la naturaleza humana, clasificarlas en taxonomías (Tipo: bueno-malo, positivo-negativo) es enjuiciarlas, contribuyendo con este juicio a la represión, inhibición y/o control con el que tratamos de extinguirla.
Como dice mi amigo Alberto (en su primer libro "Un primer contacto con la Gestalt"), al no permitirnos sentir nuestras emociones entorpecemos las funciones de: autorregulación biológica, psicológica y de adaptación al entorno.
Cuando no nos permitimos sentir, es tan significativo como no permitirnos digerir, el sentir es una función natural y de esa función natural que activamos en cada situación, surgen nuestras necesidades. Mientras menos nos permitamos sentir, entonces menos registro tendremos de nuestras necesidades y por lo mismo menos satisfechos o en todo caso más insatisfechos estaremos.
Al no sentir, interrumpimos a tal punto nuestra autorregulación, que puede estar entorpecida por años, y al estar así entorpecida, favorece la aparición de síntoma como por ejemplo, gastritis, problemas pulmonares, colon irritable, etc. Así también, he atendido a personas que no se permitieron llorar la muerte de un ser querido, o el abuso que recibieron de niños, etc. y en consulta, luego de 20 o 30 años de ocurrido el hecho, pudieron romperse a llorar como lo necesitaron, un llanto de 30 años y al llorarlo y aprender a acompañar al niño interior que necesitaba el llanto, o al adolescente interior que necesitaba explotar el enojo, entonces aparece un proceso de sanación, comprensión y asimilación de la vida muy profundo y rico.
Me siento bien... me siento mal...
Habitualmente, cuando nos encontramos con alguna persona, nos preguntan o preguntamos ¿cómo estás? y lo que respondemos suele ser "bien" o "mal". Lo mismo respondemos cuando nos preguntan "¿cómo te sientes?".
Las repuestas "Bien" y "Mal" constituyen por sobretodo un cliché, pues respondemos de manera automática, incluso sin saber cómo estamos. Ambas palabras (bien y mal) constituyen juicios, construidos socialmente a los que se le atribuye carga afectiva, sin embargo, siguen siendo juicios. Si bien cada uno tiene su escala de valor, socialmente suele estar asociado el "bien" a la alegría, tranquilidad y el "mal" a la tristeza, enojo, miedo, vergüenza, envidia, resentimiento, etc.
Siendo de este modo, es más lo que nos prohibimos sentir que lo que nos permitimos. Lo curioso es que las emociones las registramos en el cuerpo, por ejemplo, al sentir tristeza hay quienes sienten un "nudo en la garganta" o "vacío en el pecho"; al experimentar enojo, suele aparecer "calor en los brazos" "tensión en brazos y piernas"; al sentir angustia "un retorcijón en la panza"; etc.
Las emociones las experimentamos en el cuerpo y el cuerpo no siente "bien" o "mal", el cuerpo siente. Como cuerpo sentimos y al sentir, entramos en contacto con nuestra necesidad, si dejamos de enjuiciar lo que nos ocurre, y centramos nuestra atención en la zona del cuerpo en la que estamos sintiendo, ésta emoción se hará más intensa hasta llegar a la intensidad necesaria para poder descubrir qué hacer con lo que sentimos, e invertir nuestra energía en acompañarnos a sentir la emoción que estamos experimentando hasta agotarla, pues, las emociones se agotan, en cuanto energía, tienen una parte de carga y otra de descarga, cumplen un ciclo.
¿Emociones Positivas y Negativas?
Otra forma de discriminación emocional, es la clasificación que hacemos de Emociones Positivas y Emociones Negativas. Las emociones, así como no representan ni al bien ni al mal, tampoco representan lo positivo y lo negativo.
Positivo y Negativo, son juicios y tampoco les corresponden ya que las emociones, -reitero- no son juicios, las emociones son toda una experiencia, una vivencia, con un correlato fisiológico, que se traduce en sensaciones corporales, que nos anuncian el significado de estar vivos sin tener palabras para ello, son señales y funciones; y representan una parte fundamental en el camino de autodescubrimiento y trascendencia.
¿Qué hacer con mis emociones?
Sencillo.... sentirlas.
Aprender a escucharnos es aprender a conectarnos con nosotros mismos, es aprender a entrar en contacto con nuestro cuerpo, con las sensaciones que vamos identificando, explorar y adentrarnos en nuestra propia intensidad, al punto que nos permitamos sostenerlo: así nuestra emoción se constituye en mensaje, existencial incluso, y nos irá facilitando el descubrir, cada vez más claramente aquello que necesitamos y nos abrirán las puertas a un camino más genuino de expresión.
Importantísimo: Para que nuestras emociones sean camino, es importante identificar si lo que sentimos está en función a lo que ocurre en verdad, a lo que percibimos, o está en función a lo que imaginamos. Ejemplo; no es lo mismo sentir pena frente a la muerte de un ser querido, que representa un hecho; que sentir pena o angustia, frente a la idea de que reprobaré un examen, sin haberlo dado aún.
Incorporar nuestras emociones es una invitación a estar completos, aprender a responsabilizarnos por lo que hacemos con ellas, nos adentra en el camino de la madurez y poder diferenciar si parten de lo que imaginamos o de lo que percibimos, nos aporta trascendencia, nos abre las puertas a un camino de paz e integración con nosotros mismos (tan peleados que andamos) y nos abre puertas de encuentro genuino con nuestros semejantes.
Abrazo.
Os.
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