martes, 27 de octubre de 2015

Credo

Éste es mi credo personal, aquello en lo que creo como una posibilidad de encuentro honesto, libre y trascendente:



Creo y prefiero estar honestamente peleado (distanciado) que falsamente amistado,
tener claro que estoy confundido que engañarme/te con algo que no siento,
responder a mi ritmo y no al tuyo.

Y viceversa también,
creo y prefiero tu distancia honesta que tu engorrosa cercanía,
que sepas de tu confusión antes de engañarte/me con lo que no sientes,
que respondas a tu ritmo y no al mío. 

Creo en la expresión (que no lastima) y no en el juicio que califica y aleja.
Creo en un vínculo de a dos, donde te percibo y me percibes,
no en el de a uno donde te imagino y me imaginas. 


Creo en el contacto y en hacerme cargo (ser responsable),
no creo en la posibilidad de culparnos y justificarnos en "tuve un mal día".
Creo en el reparo que acompaña el dolor y
no en la distracción con la que puedo evitarlo.

Creo que para amar (te/me) basta un instante, el de encuentro genuino;
creo en el silencio que sostiene y ensordece,
creo en la lágrima y la risa.

Yo soy yo y tú eres tú;
si nos encontramos es hermoso, hacemos un nosotros
y si no nos encontramos, no hay dramas, es hermoso también.


Os.







jueves, 22 de octubre de 2015

Del deber ser, la exigencia y otra (in-sana) costumbre

Al tocar estos temas y sobretodo al llamarlos "in-sanos", seguro choco con quienes predican el deber ser y la exigencia. Hoy ya no solamente es el modelo casero, sino además una idea de fondo que se mantiene en el sistema. Ambos están ligados, pero dado que la escritura sigue una linealidad, empezaré por el "deber ser", continuaré con la "exigencia" y cerraré con "otra in-sana costumbre".

Personalmente al "deber ser" lo asocio con exigencia y deuda. Si yo "debo", entonces tengo una deuda, si yo "debo ser", entonces tengo una deuda existencial por la cual "tengo" (palabra que denota exigencia) que ser de una manera específica. Pero ahí no queda la cosa, porque esa "forma de ser", está cargada por las expectativas de mamá, papá, abuelos, tíos, amigos, etc., forma que en ningún momento fue consultada con nosotros mismos, sino lo creen, les invito a cerrar sus ojos por un momento, respirar hondo para conectar con su cuerpo y  empezar a evocar todos los recuerdos que puedan a lo largo de su vida en donde alguien les dijo "tú tienes que ser...". ¿Quién o quienes son ese alguien? ¿qué mensajes descubrieron?. Ahora les invito a continuar el ejercicio, ¿alguien les consultó si querían o podían?.  

Éste "deber ser" con el tiempo, lo vamos comprando e inflando con todo lo que además nosotros nos ponemos como expectativa para nosotros mismos. Y en este cargar las expectativas que tienen los demás, sumado a las propias (no necesariamente bien definidas), vamos haciendo camino y forjando las bases de la exigencia... ¿y qué es la exigencia?.... (piénsalo un rato antes de seguir leyéndome...ten tu propia respuesta a mano)...

La exigencia es un vínculo....(ahora tómate un tiempo y piensa en esto "es un vínculo")... es un vínculo en el que existe un "Exigidor o Exigente" y un "Exigido", la exigencia es el vínculo entre "exigente" y "exigido"... (ahora dale vueltas un rato... piénsalo.... repite esta definición un par de veces y revisa ¿qué piensas? ¿qué sientes?, te invito a fijarte si coincide con lo que llamas exigencia...).

Es un vínculo, y que lo sea no significa que sean dos personas, es decir, no solamente es interpersonal, es inicialmente un vínculo intrapsíquico, es decir, es un vínculo yo conmigo mismo. Si lo desmenuzo un poco más, podría citar a Norberto Levy (creador de la autoasistencia psicológica) cuando dice que la mente programa y el cuerpo realiza y que al alterarse esta función, mente es exigente y cuerpo es exigido.  

La exigencia es aquello con lo que más he convivido en mí; y con los años, las consecuencias, la psicoterapia y las experiencias que he vivido y vivo, es una trama que conozco muy hondamente. He logrado y me doy cuenta que cada día logro tener más presente mi capacidad para flexibilizarme, y es a partir de esto que les comparto lo siguiente.

Decía líneas atrás que la exigencia es un vínculo y las características de éste vínculo son:


- La pérdida de la capacidad de contemplar al otro (de parte del exigente): Con no contemplar al otro, me estoy refiriendo a que cuando exigimos, perdemos de vista si a quien le pedimos, tiene o no la capacidad para realizarlo, si cuenta con los recursos necesarios. Ejemplo, son las 2 de la tarde y le pedimos al empleado del edificio que nos lave el auto y deje de hacer todo lo que hace porque se nos ha presentado una reunión. No parece una exigencia, sin embargo, siendo la hora que es, no le hemos preguntado si puede, si ya almorzó, si está almorzando, si tiene los implementos o el tiempo para hacerlo, etc.

- La imposición: Como continuación al punto anterior, al no contemplar, le coloco al otro una meta (ese algo que quiero que haga) en la que no le consulté nada y en el exceso, esto viene con un condicionante. Tomo el ejemplo anterior, llamo al empleado del edificio y levanto el tono de voz, sin pedirle, sino mandándole, y pienso "carajo, todavía que lo llamo y se demora.... la próxima no le doy propina".

Alteración de la temporalidad: Es muy sencillo, la típica frase del exigente es "para ayer", "lo quiero ¡ya!" y por el estilo.

- Pérdida de la capacidad de autoactualización: Hace un par de años, dando un feedback a una trabajadora en una empresa, luego de una serie de evaluaciones de desempeño y de la personalidad, recuerdo haberle dicho "Exigirse es como pretender alcanzar el horizonte... por más que nades y nades en la mar, nunca te acercarás a él". Ese es el espejismo del exigente, no sólo cree que alcanzará lo inalcanzable, sino que se desgasta en el camino y aún así, se empuja a sí mismo y/o a los demás a seguir, sin reconocer todo lo que ha nadado, sin darse cuenta todo lo que alcanzó hasta el momento.

- Pérdida de la capacidad de disfrute: Quien se exige está más conectado con pensar en cómo lograr y en ser su propio capataz interior para no perder el ritmo, que con su cuerpo, con su endurecimiento muscular, con la tensión que experimenta y pierde su capacidad de entrega al placer, su capacidad para disfrutar del momento que experimenta, su capacidad para estar presente.

- Dificultad para el establecimiento de límites y Omnipotencia: Al exigente le cuesta decir "¡no!", reconocer sus límites, lo que puede y lo que no puede, sosteniéndose en el lema "querer es poder". El "querer" tiene que ver con la voluntad, la necesidad y el deseo y el "poder" tiene que ver con los recursos. A veces coinciden, sin embargo, no son lo mismo. Querer es querer y poder es poder.

- Desgaste y Frustración: Al inicio la energía dispuesta es absoluta y muy cargada, entonces comienzan los logros, sin embargo, con el paso del tiempo, empieza a haber un desgaste. Si vuelvo a la mirada vincular, el "Exigido" ya no tiene energía, ya no puede más y el "exigente" pide y pide y pide. Cuando esto ocurre aparece el llamado esfuerzo y el esfuerzo no es otra cosa que usar la energía extra. Y el "exigente" quiere más y el "exigido" no puede más, de modo que empieza un desgaste y aparecen los síntomas del "estrés". Por ejemplo, una persona que se queda todos los días "extra" en el trabajo y a veces no come, no se toma su hora de almuerzo, no se toma una pausa, y se toma la hora extra, ya no puede con el cansancio, pero igual se queda para seguir "produciendo" y no lo logra. Mientras el "exigido" se desgasta, entonces el "exigente" se frustra. Nunca olviden, a mayor expectativa, mayor frustración.


Cuando estas características se profundizan en intensidad, se presentan juntas, la exigencia empieza a colindar con otras funciones/emociones que desatan un desequilibrio organísmico y son dos básicamente: la voracidad y la culpa.

- La voracidad es la incorporación sin registro de saciedad, es decir, "nunca es suficiente" y como dice Norberto Levy, tiene cuatro características: 1).- lo quiero todo, 2).- lo quiero ¡ya!, 3).- lo quiero como sea y 4).- lo quiero para siempre.

- La culpa, es también un vínculo, entre un culpador y un culpado. El problema de la culpa, como dice mi amigo Miguel (Psicoterapeuta Gestalt), es que siempre termina en agresión. En sencillo, terminamos embroncados con nosotros mismos.


Ahora paso a la otra (in-sana) costumbre. Considero que la más insana costumbre es la de difundir la exigencia como la única forma de crecimiento, de deber ser. Pienso que es importante atravesarla, pienso que es importante vivirla como una excepción en aquello que elijamos como relevante para poder dar nuestro esfuerzo; y creo también que si la exigencia se vuelve forma de vida, entonces será tóxica y enfermante.

Tanto en la exigencia como en el deber ser, nos restamos genuinidad, entramos en una suerte de robotización, de automatismo y la respuesta es muy sencilla: "es que tengo que". Desde el mismo hecho de someternos a nosotros mismos a través de exigirnos, perdemos libertad porque cambiamos el "elijo" por "me exijo" y al ir ocurriendo esto, la felicidad la volvemos inalcanzable, sino innombrable.

Hasta la próxima.

Os.

lunes, 19 de octubre de 2015

La Presencia y el Lenguaje: De lo Coloquial a lo Técnico

He notado con los años lo acostumbrados que estamos a confundir algunos términos que al ser expresados de modo coloquial, dificultan el contacto con uno mismo, con nuestras emociones y nuestros pensamientos y en consecuencia, con los demás.

Cuando hablo de presencia, significa el hecho de estar presente en el vínculo, y eso solo se logra con nuestros sentidos, a través de nuestra percepción, es decir, mirando, escuchando, tocando, oliendo y gustando del momento en el que nos encontramos. Así también, conectados con nuestras emociones, con las emociones que experimentamos frente a las personas y situaciones del momento, experimentado como un continuo.

Confundimos nuestra percepción, con nuestra interpretación y con nuestros juicios del momento o de las personas. La percepción puede ser descrita y está consensuada, como tal los juicios no son parte de la percepción. Confundimos nuestra percepción con la palabra "siento", con la cual también confundimos lo que pensamos. Ejemplos:

- Cuando alguien dice "siento que tu sala es bonita", no lo sentimos, el sentir es un fenómeno que ocurre "de la piel para adentro", en el cuerpo, como tal no puedo sentir la sala, y menos que es "bonita", puesto que en el cuerpo no siento "bonito". Es diferente a decir: "Me gusta tu sala: las alfombras marrones, los cojines en el piso y los cuadros con los que decoras, me siento tranquilo en ella". Aquí estoy hablando de mi gusto, de mi tranquilidad frente a cómo está constituida, a mi percepción de la sala.

- Cuando le preguntamos a alguien "¿cómo estás, cómo te sientes?" y la repuesta es "bien" o "siento que esto no debe ser", no nos está contando cómo se siente sino cómo piensa, pues las emociones tienen un registro corporal y pueden ser descritas como sensación en el cuerpo. No existe "sentirse bien" o "sentirse mal" no existen "emociones positivas" o "emociones negativas". Comúnmente cuando una persona dice "siento que" lo que continua es un pensamiento. En este caso sería "pienso que está bien" "pienso que esto no debería ser" y en todo caso, lo que puedo sentir son todas las emociones propias de mi experiencia; alegría, tristeza, enojo, miedo, vergüenza, etc.

- Es común escuchar, por ejemplo, "estoy depre". En realidad eso es estar triste, la depresión es un espectro clínico, que no sólo significa estoy triste, es tristeza continua por más de dos semanas, alteraciones en el sueño, sobretodo al despertar, alteración en el apetito (disminución), disminución de la energía vital sin realizar actividades significativas, pérdida o disminución de la capacidad de disfrute y en casos más extremos, abulia (pérdida de voluntad), alteración de la percepción (alucinaciones auditivas de contenido culpador), ideación suicida e intentos de suicidio.

- Otra forma común es decirle a los demás "me haces sentir..." por ejemplo, "me haces sentir triste", "me haces sentir alegre", etc. Nadie nos puede hacer sentir, somos nosotros los que sentimos frente a un otro. Decir "me haces sentir" es atribuirle culpa por nuestros estados anímicos a los demás y a mayor culpa, menor responsabilidad. Cuando en cambio hablamos en primera persona del singular "yo"; entonces nos hacemos responsables de cómo nos sentimos y nos otorgamos la maravillosa libertad de sentir hasta agotar nuestra emoción, de resolver la situación que vivimos al sentir y le restamos al otro la capacidad de resolvernos la vida, es la forma de empoderarnos, de aprender a pararnos sobre nuestros pies, de hacernos cargo de nuestra existencia, de estar presente. El cambio es: "me siento triste", "me siento alegre", etc.


Te invito lector a probar estos cambios en tu discurso y en tu mirada del mundo... notarás la diferencia.

Abrazo.

Os.






lunes, 12 de octubre de 2015

Psicoterapia: Prejuicios, mitos y experiencias


Tengo 15 años alrededor del mundo de la Psicología, desde que era estudiante, y a lo largo del tiempo fui escuchando (hoy cada vez menos) distintos comentarios al respecto de mi profesión y no sólo de parte de cualquier persona sin relación a la carrera, sino también de psicólogos en su mayoría algunos profesores. Algunos le llaman resistencias, otros mecanismos de defensa, otros más sencillamente excusas... yo prefiero llamarles prejuicios o mitos, bajo la acepción de que un mito es una historia o relato que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad (diccionario libre de internet).

Éstos mitos son:

  • "No voy al psicólogo porque eso es para locos"
  • "No voy a ir donde alguien a que me diga lo que tengo que hacer"
  • "No creo en eso"
  • "Vamos entonces hija/o, para que el psicólogo vea que tengo la razón"
  • "Dígame si lo que hago es correcto"
  • "Es pagar plata en vano porque el psicólogo nada puede hacer"
  • "Basta con que yo quiero cambiar, al fin y al cabo: querer es poder"

Y de parte de mis colegas:

  • "Los psicólogos somos dioses para el paciente"
  • "Ellos necesitan terapia, pero yo no"
  • "Yo se lo que tienen que hacer"
  • "Si el paciente no quiere es por sus mecanismos de defensa"
  • "A uno no puede afectarle las cosas de los pacientes"
  • "Está mal llorar con el paciente"

Además de éstos comentarios, he presenciado actitudes desafiantes, de competencia que los acompañan.

No voy a desmenuzar mito por mito, sí quiero permitirme escribir lo que fui aprendiendo en todo este tiempo, en mi paso por la Psicoterapia, como paciente y como terapeuta.

Lo primero es que Psicólogo y Psicoterapeuta no son lo mismo, la Psicología es una profesión, para algunos epistemólogos una ciencia social y para otros no. La psicoterapia, es una especialidad compartida (médicos y psicólogos básicamente), es el arte de acompañar a otro, e incluso no sólo arte sino artesanía. El psicólogo en su formación no sale capacitado para atender procesos de acompañamiento, sino más bien, capacitado para procesos de evaluación, capacitación e investigación. El Psicoterapeuta, pasa por terapia, necesita ser paciente para conocer el proceso además de la formación filosófica, teórica y técnica que el psicólogo no recibe. Con todo esto, quien está habilitado para acompañar procesos a profundidad son los psicoterapeutas, todos los psicoterapeutas mas no todos los psicólogos.

Lo segundo, la psicoterapia requiere de una actitud amorosa (de parte del terapeuta), la disposición de recibir a alguien para acompañarlo a atravesar su propio infierno, para mirarlo de modo contemplativo, resonar, lo cual significa tomar conciencia de lo que siento y lo que me pasa frente a lo que el paciente vive y desde esa resonancia proponerle un escenario de descubrimiento de sí mismo, para que desarrolle sus propios recursos y vaya a su ritmo resolviendo aquello que necesita.  La actitud amorosa con la que acompañamos, no consiste en decirle lo que tiene que hacer ni tampoco en usar técnicas por usarlas, si es así, son sólo trucos. Recuerdo una sesión en la que una paciente de unos 35 años mayor que yo, me contaba la situación dolorosa que estaba viviendo por el fallecimiento de uno de sus hijos hacía tres años y me dijo "No sabes lo que es para una madre perder a un hijo" y recuerdo haberle respondido: "No, no lo sé ni lo sabré... nunca seré madre... pero al escucharte convoco todas mis memorias de dolor y resueno contigo... No sé si esto te alcance para que yo te acompañe, pero puedo ofrecerte todo este resonar y respeto hacia lo que vives, yo no voy a enseñarte cómo vivir, eres tú quien tiene mucho por enseñarme a mí...". Dicho esto, empezamos un proceso que duró 1 año y medio aproximadamente, en el que pudo cerrar el duelo e incluso volver a vestirse de gala para ir a fiestas (ella se había prometido en la muerte de su hijo años atrás no celebrar nunca más). Han pasado algunos años de esto, y hoy por hoy, me llama cuando tiene alguna consulta o a veces para tomarnos un café o comer un dulce. Pudo cerrar el duelo y hoy por hoy vive feliz.

Un tercer punto, es que no somos dioses de nadie, somos un ser humano más. Hay que atender con disposición, con humildad, con límites también, reconociendo lo que podemos y lo que no podemos. Hace unos años recuerdo que tuve una noche muy dura, había soñado situaciones muy intensas y desperté llorando, así que decidí ducharme y desayunar a ver si me sentía más calmado, pues en dos horas empezaba a atender. Mientras desayunaba se me caían las lágrimas en el café, así que decidí llamar a las personas que iba a atender ese día y les conté acerca de cómo estaba sintiéndome y uno de ellos, tal vez aquel al que más le costaba sensibilizarse me dijo: "no te preocupes Oswaldo, atiende lo que te está pasando y cuando estés más tranquilo me llamas y reagendamos, no te preocupes". Me experimenté sostenido por mi paciente, fue entonces que entendí que "lo que cura es el vínculo" como decía Irving Yalom. De pronto mi paciente se sensibilizó conmigo, me brindó este soporte con su actitud y a partir de esa experiencia, empezaron a ocurrir en él muchos cambios para su vida ya que tomó contacto con su propia sensibilidad.

El psicoterapeuta no es juez de nadie y es mucho más experto cuando está sostenido en su capacidad de autoapoyo, lo cual va desarrollando con su experiencia. Esto no tiene que ver necesariamente con la edad, aunque es cierto que la edad ayuda. Tiene que ver con el camino recorrido, con las heridas atendidas, no necesariamente sanadas puesto que no somos seres realizados, sino en realización. Es el diálogo constante entre nuestras partes interiores, la parte herida y la parte que asiste:

PARTE QUE ASISTE: "Estoy aquí, con delicadeza y dulzura, con disposición, respeto y honra, estoy aquí completo, para lo que me necesites, no para decirte qué hacer, sino dispuesto a que me enseñes cómo quieres que te acompañe, a transformarme en aprendiz de tu amor, sin tiempo, sin espera (sin angustia), sin atadura, desde la libertad... te elijo... aquí estoy contigo..."

PARTE HERIDA: "Cuando me tratas así, puedo, no sólo quiero, sino que puedo ser, a mi ritmo, no al tuyo... cuando me tratas así soy feliz, encuentro en tí sostén, encuentro posibilidad... me afirmo y soy..."


La Psicoterapia también consiste en poder frustrar aquellos aspectos con los que manipulamos y esto no puede ser negado ya que nos hemos tragado la misma cultura. Un proceso de psicoterapia implica la mirada amorosa para acompañar y la frustración de la manipulación, para aperturar un vínculo honesto del paciente consigo mismo. Un ejemplos simple, sencillo, cuando una persona llega a consulta y de pronto dice estar triste y está riendo, más de una vez he marcado esta inconsistencia, "el que está triste no se ríe" y de pronto fue la confrontación (frustración) que necesitaba para aperturarse al llanto, a llorar la pena tal como la necesita, soltando la idea de que hay que evitarla y sonreír siempre.


Me encantaría honestamente, que esto que he escrito pueda servir a cualquier persona que necesite atención, acompañamiento, La terapia no es para locos, la terapia es para todos, para todos los que estén dispuesto a descubrirse, a caminar, a atender las heridas propias de su historia y conectar con esa fuente maravillosa que es... ir resplandeciendo con destellos de genuinidad.


Abrazo fuerte.

Os.

miércoles, 7 de octubre de 2015

La Sociedad de los (A) Normales


Desde hace mucho tiempo, siglos -y quién sabe cuántos- se habla de "normalidad" en la sociedad. La normalidad tiene dos acepciones básicas: la primera, hace referencia a una condición de los metales, a su maleabilidad bajo ciertas condiciones; la segunda, a criterios que se ajustan a valores medios, es decir, dentro de la media en una curva de Gauss, es decir, es un criterio estadístico.

El Ser Humano no es un metal y no es un estudio matemático-estadístico, sin embargo, bajo ésta lupa hemos establecido como sociedad criterios de fragmentación y para sostener el "equilibrio" a los que no son "normales" hemos buscado que extirparlos y (como "La Sociedad de los Normales") hemos buscado fabricar una sociedad de la obediencia y el sometimiento, por lo cual está prohibido el desviarse, el reclamar derechos (y ni siquiera reclamarlos, sino solicitarlos) pues al hacerlo nos desviamos de la media y caemos en la Anormalidad. 

De esta manera, las distintas sociedades, sostenidas en pensamiento político, religioso, científico, han buscado tapar el sol con un dedo, mandando callar la voz interior, la dignidad de nuestras emociones, por ejemplo, "deja de llorar, no me hagas espectáculos", "te voy a meter un cachetazo a ver si te callas y voy a rezar por tí a ver si cambias", o buscar sotener vínculos donde existe el maltrato y el mayor apoyo es "reza para que Dios te escuche y haga el cambio en tu esposo", y a nivel político, los más recientes temas de discusión sobre "la unión civil", "el aborto" donde las declaraciones son realmente alarmantes y lamentables como: "es casi imposible que se produzca un embarazo después de una violación eventual, callejera, porque se produce un estado de estrés, un estado de shock en la persona donde obviamente en la mujer no hay ningún tipo de lubricación... es casi imposible que se produzca un embarazo" o  la discusión sobre la Unión Civil, en discursos tales como "Dios creó a Adan y Eva y no Adán y Esteban".

La busca de ésta normalidad y la intolerancia ha llevado a situaciones catastróficas en la historia, a una escisión de la humanidad que va desde el maltrato, hasta la pérdida del respeto y la violación de derechos, de la dignidad, por ejemplo, la historia de la psiquiatría, como sostener a inicios del siglo pasado la idea de que las personas "negras" sufren de "negritud" una especie de "lepra" por la que no trabajaban y por lo cual había que azotarlos, luego se dijo que las personas con "dificultades mentales" había que perforarles el cerebro y se estructuraron las lobotomías e incluso en Estados Unidos se creó el "Lobotomóvil", o la Eugenesia, con la que Hitler se fundamentó para la desaparición de los "no aptos", aquellos que "degeneraban" la genética humana... cuántos lamentables ejemplos.



Y aunque han habido modificaciones, yo le llamaría sofisticaciones, una especie de engalantamiento de la historia y de la manipulación, el fondo sigue siendo el mismo y no consideramos que DISIMULAR NO CAMBIA LA HISTORIA,  una sociedad de obedientes que fabrica en moldes de "normalidad" está condenada a repetir lo mismo. 

Han habido también distintas manifestaciones en busca de la aceptación de la diferencia, no todas exitosas, sin embargo, movimientos importantes a distinto nivel: cultural, musical, Psicoterapeútico, artístico, etc. que buscaban hacer frente y contra al sistema establecido, a través de distintas expresiones, como Pink Floyd y The Wall, como el festival Woodstock,  el movimiento de la contracultura y el Hippismo (que algunos consideraron expresión máxima de la contracultura), los punk´s en europa, aquí en el Perú los movimientos subterráneos hacia los años 80´s, la cultura psicodélica, etc.

Aún existen diferencias, aún está presente el fraccionamiento, pues no se llega a una mirada contemplativa primero, una mirada igualitaria, en donde podamos reconocer no solo lo diferentes u opuestos que somos, sino avanzar hacia un reconocimiento de partes, donde nos reconozcamos todos partes de un todo, un mismo todo, en el que así como reconocemos la diferencia podamos ver que también hay algo del otro en mí, como decimos aquí en Perú "que Inga tiene de Mandinga", hasta funcionar complementariamente y tal vez así, lleguemos a una gran integración. Más técnicamente lo digo así: La contemplación de la diferencia es un enriquecimiento vincular que construye complementos desde la singularidad e irrepetibilidad de cada uno. 

Barry Stevens, fue una psicoterapeuta que decía "Mi humanidad disminuye cuando excluyo cualquier parte de mí misma", y creo que esto aplica a nivel macro, pues, nuestra humanidad (como sociedad, como mundo) disminuye cuando excluimos cualquier parte de nosotros mismos. Hoy por hoy, no son las políticas las que puedan facilitar el cambio, pues en los gobiernos (sobretodo en el peruano) no existe la sostenibilidad y como tal cualquier decisión es anulada por el gobierno siguiente. Hoy por hoy, considero que la gran revolución es como dice Claudio Naranjo, una revolución de la conciencia, el autoconocimiento por el cual podemos descubrir y asumir quienes somos, una actitud amorosa de reconciliación, una mirada compasiva y admirativa. Cuando despertamos, cuando nos damos luz a nosotros mismos, entonces podemos proponer lo mismo a los demás, pues como es adentro es afuera.

Termino citando un escrito hermoso, que se lo atribuyen a Charles Chaplin:


Cuando me amé de verdad

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.
Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.
Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.
Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.
Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.
Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.
Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!
No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.
Charles Chaplin.
 

Hasta pronto. Abrazo.

Oswaldo.

martes, 6 de octubre de 2015

Permitir-me, Permitir-te, Permitir-nos


Ésto lo escribí el 09/03/2014, y a leerlo me siento feliz, como para compartirlo, como para que sea la primera entrada en este blog:

Cuando las situaciones coinciden una tras otra en la vida y no las atendemos y no nos detenemos a contemplarlas (por reiterativas que sean), entonces (probablemente), hemos soltado nuestra postura de viajeros buscadores en la vida, hemos anclado en una isla de confort... recuerda viajero que en la vida el ancla se oxida y lo que no se usa se atrofia... cuida tu postura, permítete volver a tus pies y mueve tus recursos para el viaje, quédate lo necesario para nutrir y no para oxidar, encontrarás compañeros, no te estanques en islas donde la gran Calipso, atractiva y tentadora te detiene, te estanca... entra en la dinámica uterina de recibir y soltar, amorosamente y con gratitud, anidando el tiempo necesario para nutrir y asimilar y luego soltando para que fluya la vida...

Permítete la sorpresa y la novedad, son esenciales para el crecimiento....
Permítete descubrir que es posible, es esencial para el aprendizaje...
Permítete el "necesito" y dignifícalo sin juicio...
Permítete el "quiero", como voluntad y como deseo...
Permítete el "puedo" y "no puedo" así encontrarás tus recursos y tus límites...
Permítete el "elijo" y descubrirás que la libertad y la responsabilidad son gemelas, casi iguales y cada una independiente...
Permítete ser tú mismo sin descuidar al otro....
Permítete servir al otro sin descuidarte a tí mismo...
Permítete completar lo que quedó inconcluso...
Permítete expresar...
Permítete...     


 (09/03/2014)