Al tocar estos temas y sobretodo al llamarlos "in-sanos", seguro choco con quienes predican el deber ser y la exigencia. Hoy ya no solamente es el modelo casero, sino además una idea de fondo que se mantiene en el sistema. Ambos están ligados, pero dado que la escritura sigue una linealidad, empezaré por el "deber ser", continuaré con la "exigencia" y cerraré con "otra in-sana costumbre".
Personalmente al "deber ser" lo asocio con exigencia y deuda. Si yo "debo", entonces tengo una deuda, si yo "debo ser", entonces tengo una deuda existencial por la cual "tengo" (palabra que denota exigencia) que ser de una manera específica. Pero ahí no queda la cosa, porque esa "forma de ser", está cargada por las expectativas de mamá, papá, abuelos, tíos, amigos, etc., forma que en ningún momento fue consultada con nosotros mismos, sino lo creen, les invito a cerrar sus ojos por un momento, respirar hondo para conectar con su cuerpo y empezar a evocar todos los recuerdos que puedan a lo largo de su vida en donde alguien les dijo "tú tienes que ser...". ¿Quién o quienes son ese alguien? ¿qué mensajes descubrieron?. Ahora les invito a continuar el ejercicio, ¿alguien les consultó si querían o podían?.
Éste "deber ser" con el tiempo, lo vamos comprando e inflando con todo lo que además nosotros nos ponemos como expectativa para nosotros mismos. Y en este cargar las expectativas que tienen los demás, sumado a las propias (no necesariamente bien definidas), vamos haciendo camino y forjando las bases de la exigencia... ¿y qué es la exigencia?.... (piénsalo un rato antes de seguir leyéndome...ten tu propia respuesta a mano)...
La exigencia es un vínculo....(ahora tómate un tiempo y piensa en esto "es un vínculo")... es un vínculo en el que existe un "Exigidor o Exigente" y un "Exigido", la exigencia es el vínculo entre "exigente" y "exigido"... (ahora dale vueltas un rato... piénsalo.... repite esta definición un par de veces y revisa ¿qué piensas? ¿qué sientes?, te invito a fijarte si coincide con lo que llamas exigencia...).
Es un vínculo, y que lo sea no significa que sean dos personas, es decir, no solamente es interpersonal, es inicialmente un vínculo intrapsíquico, es decir, es un vínculo yo conmigo mismo. Si lo desmenuzo un poco más, podría citar a Norberto Levy (creador de la autoasistencia psicológica) cuando dice que la mente programa y el cuerpo realiza y que al alterarse esta función, mente es exigente y cuerpo es exigido.
La exigencia es aquello con lo que más he convivido en mí; y con los años, las consecuencias, la psicoterapia y las experiencias que he vivido y vivo, es una trama que conozco muy hondamente. He logrado y me doy cuenta que cada día logro tener más presente mi capacidad para flexibilizarme, y es a partir de esto que les comparto lo siguiente.
Decía líneas atrás que la exigencia es un vínculo y las características de éste vínculo son:
- La pérdida de la capacidad de contemplar al otro (de parte del exigente): Con no contemplar al otro, me estoy refiriendo a que cuando exigimos, perdemos de vista si a quien le pedimos, tiene o no la capacidad para realizarlo, si cuenta con los recursos necesarios. Ejemplo, son las 2 de la tarde y le pedimos al empleado del edificio que nos lave el auto y deje de hacer todo lo que hace porque se nos ha presentado una reunión. No parece una exigencia, sin embargo, siendo la hora que es, no le hemos preguntado si puede, si ya almorzó, si está almorzando, si tiene los implementos o el tiempo para hacerlo, etc.
- La imposición: Como continuación al punto anterior, al no contemplar, le coloco al otro una meta (ese algo que quiero que haga) en la que no le consulté nada y en el exceso, esto viene con un condicionante. Tomo el ejemplo anterior, llamo al empleado del edificio y levanto el tono de voz, sin pedirle, sino mandándole, y pienso "carajo, todavía que lo llamo y se demora.... la próxima no le doy propina".
- Alteración de la temporalidad: Es muy sencillo, la típica frase del exigente es "para ayer", "lo quiero ¡ya!" y por el estilo.
- Pérdida de la capacidad de autoactualización: Hace un par de años, dando un feedback a una trabajadora en una empresa, luego de una serie de evaluaciones de desempeño y de la personalidad, recuerdo haberle dicho "Exigirse es como pretender alcanzar el horizonte... por más que nades y nades en la mar, nunca te acercarás a él". Ese es el espejismo del exigente, no sólo cree que alcanzará lo inalcanzable, sino que se desgasta en el camino y aún así, se empuja a sí mismo y/o a los demás a seguir, sin reconocer todo lo que ha nadado, sin darse cuenta todo lo que alcanzó hasta el momento.
- Pérdida de la capacidad de disfrute: Quien se exige está más conectado con pensar en cómo lograr y en ser su propio capataz interior para no perder el ritmo, que con su cuerpo, con su endurecimiento muscular, con la tensión que experimenta y pierde su capacidad de entrega al placer, su capacidad para disfrutar del momento que experimenta, su capacidad para estar presente.
- Dificultad para el establecimiento de límites y Omnipotencia: Al exigente le cuesta decir "¡no!", reconocer sus límites, lo que puede y lo que no puede, sosteniéndose en el lema "querer es poder". El "querer" tiene que ver con la voluntad, la necesidad y el deseo y el "poder" tiene que ver con los recursos. A veces coinciden, sin embargo, no son lo mismo. Querer es querer y poder es poder.
- Desgaste y Frustración: Al inicio la energía dispuesta es absoluta y muy cargada, entonces comienzan los logros, sin embargo, con el paso del tiempo, empieza a haber un desgaste. Si vuelvo a la mirada vincular, el "Exigido" ya no tiene energía, ya no puede más y el "exigente" pide y pide y pide. Cuando esto ocurre aparece el llamado esfuerzo y el esfuerzo no es otra cosa que usar la energía extra. Y el "exigente" quiere más y el "exigido" no puede más, de modo que empieza un desgaste y aparecen los síntomas del "estrés". Por ejemplo, una persona que se queda todos los días "extra" en el trabajo y a veces no come, no se toma su hora de almuerzo, no se toma una pausa, y se toma la hora extra, ya no puede con el cansancio, pero igual se queda para seguir "produciendo" y no lo logra. Mientras el "exigido" se desgasta, entonces el "exigente" se frustra. Nunca olviden, a mayor expectativa, mayor frustración.
Cuando estas características se profundizan en intensidad, se presentan juntas, la exigencia empieza a colindar con otras funciones/emociones que desatan un desequilibrio organísmico y son dos básicamente: la voracidad y la culpa.
- La voracidad es la incorporación sin registro de saciedad, es decir, "nunca es suficiente" y como dice Norberto Levy, tiene cuatro características: 1).- lo quiero todo, 2).- lo quiero ¡ya!, 3).- lo quiero como sea y 4).- lo quiero para siempre.
- La culpa, es también un vínculo, entre un culpador y un culpado. El problema de la culpa, como dice mi amigo Miguel (Psicoterapeuta Gestalt), es que siempre termina en agresión. En sencillo, terminamos embroncados con nosotros mismos.
Ahora paso a la otra (in-sana) costumbre. Considero que la más insana costumbre es la de difundir la exigencia como la única forma de crecimiento, de deber ser. Pienso que es importante atravesarla, pienso que es importante vivirla como una excepción en aquello que elijamos como relevante para poder dar nuestro esfuerzo; y creo también que si la exigencia se vuelve forma de vida, entonces será tóxica y enfermante.
Tanto en la exigencia como en el deber ser, nos restamos genuinidad, entramos en una suerte de robotización, de automatismo y la respuesta es muy sencilla: "es que tengo que". Desde el mismo hecho de someternos a nosotros mismos a través de exigirnos, perdemos libertad porque cambiamos el "elijo" por "me exijo" y al ir ocurriendo esto, la felicidad la volvemos inalcanzable, sino innombrable.
Hasta la próxima.
Os.