miércoles, 30 de diciembre de 2015

Con la Consciencia Fragmentada

En estas fechas, finales del año, cuando hago un repaso de lo sucedido, lo transitado, lo experienciado y lo vivido, conecto con las preguntas de siempre, las más existenciales, empezando por: ¿qué sentido tiene todo esto que vivo?¿Cómo hago para estar en esta situación?, pasando a ¿qué sentido tiene esto que le está ocurriendo a los demás? y continúo con una larga lista de preguntas a las que vuelvo y reviso una y otra vez...

Desde hace muchos años, incluso recuerdo que desde niño, empecé a cuestionar el sentido de estar vivo, el sentido de la existencia, no entendía los cambios rotundos que invitan a decisiones de vida importantes (como una mudanza, como un cambio de colegio, cambios económicos, etc.), no entendí qué sentido tenía que vaya al colegio; incluso recuerdo un compañero, que siendo adolescente se suicidó. Recuerdo muchas circunstancias con las que estuve siempre invitado a cuestionar la existencia, la vida, Dios, el cosmos, etc.

Desde hace muchos años, viviendo y siendo testigo de acontecimientos como éstos, me convertí en un buscador, y tal vez ni siquiera me convertí, sino que me hallé así, buscando, movilizado por mi propia angustia, la cual llamaría existencial. He pasado por distintas filosofías, religiones, prácticas, retiros, ayunos, etc. Me licencié como psicólogo y luego me especialicé como Psicoterapeuta, he pasado por distintos enfoques también, diversas experiencias y es curioso, nunca hallé una respuesta absoluta (ya dudo de que exista), lo que si he hallado son rutas y lo curioso es que así como dijo San Agustín "todos los caminos conducen a Roma", me doy cuenta que todos los caminos conducen a mí.

Me he ido hallando y me llamo Mismidad. Me leo y suena a filosofía Yoica, y así lo entendí en el inicio, y empecé a adoptar esta frase de "a la mierda el otro" "que se haga cargo" (entendiéndolo como un "que se joda"). Seguí caminando esta senda y me fui hallando con la imperiosa necesidad de un Tú, es decir, de un otro, de la Otredad. Nos guste o no, necesitamos el contraste para establecer configuraciones del mundo, para delimitar, y la posibilidad de la existencia del otro,  me convoca a mirar más allá de mí, a contemplar, a encontrar, a resonar, a fugaces instantes de eternidad.

Hoy, a estas alturas del camino, lo que voy encontrando es la trascendencia de los instantes a través del encuentro con otro, la trascendencia de la existencia a través del vínculo, el crecimiento a través del compartir con los demás, un compartir comunal, es decir, tomar decisiones y mirar desde lo conectados que estamos, cómo mis decisiones afectan al otro (pareja, familia, amigos, compañeros de trabajo), compartir y trazar rutas comunes para que cada uno se halle Mismidad, tome de referencia Otredad y lleguemos así al registro de nosotros Comunidad.

No tengo muchas respuestas claras, sino fragmentos de una muy larga; por distintos lugares veo cada vez más convocatoria a la concientización, sobre el planeta, el descubrimiento personal, la conciencia planetaria, la interconexión de todos como una gran matrix, etc.

Los fragmentos que hallo, son los que he venido describiendo hasta aquí, y aún siguen mis preguntas, como por ejemplo: ¿es necesario un Dios?¿una religión?¿creer?¿fé en lo que no está presente o presencia en el aquí y ahora?

He hallado algunos fragmentos, como digo, puedo decir aún con la consciencia fragmentada, que tengo rastros, aún no certezas más que las caminadas.... hallé una carta del 2009 con la que hago más vigente esta pregunta ¿necesito un Dios?; una canción de Vangelis (Conquest of Paradise), que dice "hay rayos de luz en el corazón del hombre, que desafían la muerte de la noche, un rayo que brilla en cada alma como las alas de la esperanza cogiendo Vuelo"; Dos Oración de San Francisco de Asís, y un dicho druídico. (Todas anexadas al final)

Con la Conciencia fragmentada, aún me pregunto, aún busco y me mantengo vivo descubriendo, en el día a día, en mi encuentro con otros, sea mi pareja, mis amigos, mi familia, los demás... en el día a día, descubro a través de ser testigo de la transformación y crecimiento personal de otros. Día a día descubro, mi ser un elemento más de la naturaleza como lo son los árboles, los animales, el paisaje, mis semejantes.

Aún no tengo respuestas completas; Sí tengo un camino de respuestas en mis experiencias, sí tengo respuestas en el ahora del encuentro; no hallo filosofías certeras, no hallo religiones que convoquen la unidad sin querer imponerse como la verdadera, hallo mi conciencia fragmentada pues aún no puedo integrar todo esto, sólo tengo rastros y entre estos rastros me hallo, contigo, conmigo, con todos.... a veces me vuelvo a perder y tengo la suerte de hallar el camino de regreso....

Me quedo con una frase de Jorge Drexler en su canción "Bolivia", frase a explorar, frase de rastros: "Los caminos de ida, en caminos de regreso se transforman, porque eso, una puerta giratoria.... no más que eso es la historia".





ANEXO 1:

Para:     Dios

Creador y Padre de todo lo creado

Estimado Dios Mío:

En ocasiones, cuando me hallo con el recuerdo roto, parece que en el HOY te olvidas de mí… parece que en el HOY te cansaste de mí…

Ya que cuando te busco no te encuentro, he optado por no buscarte, tal vez así, mi única compañera de viaje (la esperanza) me permita pensar que te animarás a volver, que te animas a buscarme, ya que te extraño y perdí el camino de regreso… tal vez sólo quede caminar, al final, a pesar de todo, el mundo sigue girando…

A veces, buscar el límite y conocerme, me arriesga, ya que supone el alejamiento; sin embargo, como la lucha que es (a pesar que siempre la perderé ante tí), no la dejaré hasta que me bendigas, pues he luchado tanto por mi solitud y mi soledad, que ahora que se hace presente, me descubro en el límite de mí mismo, en esa parte extraña de mis fronteras donde comienza el otro, donde comienzas tú... que no dejan de ser mías, que no dejan de ser mi mismo.

¿Es que eres tan difícil?

No lo sé… pero aunque no lo sepa, se debe ocultar un sentido en ese extraño ritual de volver a la fuente… calma mi sed, hazme volver, hazme descubrir, hazme… re-hazme… para volver a partir, ser ese errante vagabundo del mundo con brillo tuyo, que se pone de novio con la oportunidad que le diste, con la posibilidad que le diste…. Con la vida.

Ya no se qué más hacer, salvo dejar de hacer… ¿qué quieres que haga?... ¿hay algo que hacer?

Nada se compara a la dulzura con la que me miras, la brisa con la que me rozas, el silencio en el que das espacio a mi clamor, a mi grito ahogado, tal vez no escuchado (aún no lo sé), en el cual vacío de mí y vacío de ti busco llenar-me… ¿es acaso esto un grito? ¿es acaso un reclamo? Es simplemente la búsqueda del eco que hay en este espacio, ese eco que vuelve con algo de ti para que en las mismas palabras me responda, para que en las mismas palabras me respondas… ese eco que vuelve con algo tuyo, con algo mío, con algo de mundo, con algo de eternidad…

No sé qué más decir-te, no sé qué más clamar-te y reclamar-te… no sé con qué más adorar-te, ¿es que acaso ser mi mismo no basta? Si con cantar-te bastara, si con recitar-te bastara, qué sería entonces ese delante mío que eres, al que quiero alcanzar… al fin y al cabo eres como la línea del horizonte en el mar… mientras más me acerco más te corres (cual niño juguetón y caprichoso) y no sé si te alcance, pero al menos baja la velocidad, porque a  veces te corres y te pierdo o quizás sea que me fatigo, no lo sé…

En el libro que es mi vida, has escrito en mis hojas tus líneas, con plumón indeleble; hay otras en blanco que a veces cuesta escribir, supongo que las dejaste ahí para que las escriba yo mismo, sólo no cambies la tinta, para que lo que hago tenga algo de ti, para que todo lo que hago tenga sabor a ti, tenga olor a ti… No quiero tener nostalgia de ti, sino regocijo de ti, alegría de ti… y seguro, en esa reciprocidad, quisiera que tú tengas también alegría de mí y regocijo de mí… pero no hablas, aunque a veces te escucho (¿curioso no?), no me tocas aunque a veces te siento, no me dejas aunque a veces te extraño…

Ahora me despido, con necesidad de respuesta, una de esas clásicas (imprevistas con toque milagroso) a las que me tienes acostumbrado… al fin y al cabo ¿qué más da un milagro?.



Eternamente tuyo…
Oswaldo (30/11/2009)



ANEXO 2:


Vangelis (Conquest of Paradise)


"Hay rayos de luz en el corazón del hombre
Que desafían la muerte de la noche
Un rayo que brilla en cada alma
Como las alas de la esperanza cogiendo vuelo

Un día soleado, el nacimiento de un niño
Las pequeñas cosas que decimos
Un brillo especial en la mirada de alguien
Sencillos regalos, cada día

En algún lugar hay un paraíso
Donde cada uno encuentra libertad
Está aquí en la tierra y a la vista
Un lugar donde todos encontramos nuestra paz

Ven, abre tu corazón
Toca las estrellas
Cree en nuestro poder
Ahora, aquí en este lugar
Aquí en esta tierra
Es la hora

Es un lugar al que llamamos paraíso
Cada uno de nosotros tiene el suyo propio
No tiene nombre, no tiene precio
Es un lugar al que llamamos hogar

Un sueño que llega más allá de las estrellas
Del interminable azul del cielo
Siempre preguntando quién somos
Siempre cuestionando por qué

Ven, abre tu corazón
Toca las estrellas
Cree en nuestro poder
Ahora, aquí en este lugar
Aquí en esta tierra
Es la hora

Hay rayos de luz en el corazón del hombre
Que desafían la muerte de la noche
Un rayo que brilla en cada alma
Como las alas de la esperanza cogiendo vuelo

Como las alas de la esperanza cogiendo vuelo"

ANEXO 3:
Oraciones de San Francisco de Asís
¡Oh Alto y Glorioso Dios!
Ilumina las tinieblas de mi corazón,
Dame fe recta, esperanza cierta,
sentido y sabiduría, Señor,
para que cumpla tu santo y veraz Mandamiento (Amar).


Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz .
D
onde hay odio, que lleve yo el Amor.

D
onde haya ofensa, que lleve yo el   Perdón.
D
onde haya discordia, que lleve yo la Unión.
D
onde haya duda, que lleve yo la Fe.
D
onde haya error, que lleve yo la Verdad.
D
onde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.

D
onde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es:
Dando , que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.


ANEXO 4:
Deja que tu dulce morada se ilumine con el brillo de las estrellas y la melancólica luz de la luna y que el gran sol derrame en ti sus esplendorosos rayos cuando le temas a la permanencia de la obscuridad y del mal.
Acepta que la tierra te acoja en su seno, que el serpenteante viento acaricie tu rostro, que las aguas purifiquen tu cuerpo y tu alma, mientras el fuego te seque con su poder divino. Sólo entonces vivirás en tranquilidad con la naturaleza y contigo mismo.
Nunca olvides a tu raza, porque es la única conexión que tienes con tus antepasados, y tus antepasados son la herencia de lo que eres hoy.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Impasse

Cuando empecé a formarme en Terapia Gestalt, recuerdo que leía a Perls y revisaba en clase sobre el impasse. Conforme fui profundizando me fui dando cuenta en que el impasse estaba presente en mi hacía mucho, y noté que no era ajeno, que todos lo vivimos.... 

¿qué es el impasse?

El impasse es ese momento, esa situación existencial en la que he soltado algún recurso, forma de vida, costumbre, etc. y en el que aún no he hallado uno nuevo. El impasse es un momento de tránsito, es como un bebé, el cual va soltar la teta por el biberón, o el peluche viejo para recibir uno nuevo. Voy recordando también la antigua serie "Tarzán", es ese momento en el que suelta la Liana y aún no ha tomado una nueva.

Si llevo este impasse a ejemplos concretos más cotidianos, está el haber salido del trabajo y aún no haber conseguido otro, haber terminado una relación de pareja, que implica un estilo de vida, hábitos, actividades, etc. y de pronto terminar y hallarse sin ninguna de esa posibilidades; es el momento en que se acaba una situación, experiencia y nos quedamos "en el aire".


¿Qué implicancia tiene?

El Impasse suele proponernos el escenario para la experiencia del vacío, la experiencia de angustia, es un escenario que nos confronta con el dolor y con toda emoción pendiente, es decir, aquella que no nos permitimos sentir.

Cuando nos atrevemos a transitar el impasse, entonces nos atrevemos a sentir, a conectarnos con nuestra más profunda dimensión, pues la experiencia de crisis, dolor, vacío, son experiencias transformadoras, que nos permiten desarrollar nuevos recursos ante la vida, pues sólo del vacío surge la creatividad, y con creatividad no me refiero a ideas nuevas, me refiero a propuestas nuevas de vida, a lo que llamamos Ajuste Creativo, es decir, la capacidad para resolver de forma novedosa aquello que vamos viviendo.

Cuando por el contrario, no nos animamos a vivir el impasse, tendemos a regresar a lo mismo. Un claro ejemplo de un impasse no resuelto es el dicho "más vale malo conocido que bueno por conocer". La no resolución del impasse significa volver a lo mismo, utilizar lo ya conocido. Me parece un ejemplo clarísimo a nivel social, lo que pasa en política, si revisamos a los candidatos, quienes tienden a liderar los procesos son exactamente los mismos, no miramos alternativas diferentes como sociedad, no nos lanzamos al vacío de una nueva posibilidad, no estamos dispuestos al cambio.


Recuerdo un cuento de Jorge Bucay:

...Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.

Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.

El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?

Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?

El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra.

.. Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.

Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.



La Resolución del impasse consiste en esto, en animarnos a correr el riesgo y ese riesgo es el transitar todas nuestras emociones, vivenciar el vacío, la angustia, el dolor y aprender a acompañarnos a nosotros mismos en ello. Vamos resolviendo el impasse cuando empezamos a decidir diferente, a asumir (responsablemente) nuestras decisiones y cuando poco a poco vamos aprendiendo a disfrutar de lo que vivimos, sea pena, alegría, miedo, etc. aprendemos a disfrutar de estar vivos incluidas nuestras emociones sean cuales fueran.

Me encanta como lo dice Alexandre Jollien: "¡Qué consagrado oficio, el de ser hombre! Alegre y austero, exige una peligrosa inversión de todos los instantes!".

Atravesar el impasse nos permite tener un registro más amplio de lo que significa ser nosotros mismos, un aumento en la experiencia de ser, una mayor posibilidad de aprender a SER genuinamente nosotros.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Emociones

A diario, no sólo en el consultorio sino también en aulas, en programas de entrenamiento emocional (como los de inteligencia emocional, asertividad, etc.), leo y escucho que clasifican las emociones, es decir, le dan importancia según la conveniencia. Ésta forma de nombrar las emociones y clasificarlas está difundida y sostenida culturalmente y además le adhieren un sustento: "esas emociones son negativas porque te hacen reaccionar así". Ninguna emoción "nos hace" reaccionar, eso es restarnos la responsabilidad del sentir, somos nosotros los que hacemos algo al sentir la emoción que sentimos, en otras palabras, no somos responsables de sentir, sino de lo que hacemos con lo que sentimos.

Hay incluso, quienes atribuyen a nuestras emociones como causa de catástrofes y de muchas decisiones que en consecuencia fueron desfavorables. Incluso hay miradas racionalistas al respecto y quienes se niegan la posibilidad de sentir.

Las emociones también han sido juzgadas como la "falla" del aparato psíquico humano, como un gran monstruo, y no lo son, las emociones son tan naturales y propias de nosotros como organismos, tal como lo es respirar, comer o beber, a tal punto natural que Antonio Damasio (neurocientífico), señala que "la percepción de las emociones es la base de lo que los seres humanos llaman desde hace milenios, el alma o el espíritu".

Entonces, ¿qué son emociones?

En términos de experiencia, las emociones son un "algo" que sentimos en el cuerpo. De modo más académico, son reacciones, vivencias internas que tienen un correlato fisiológico (energético). Son sensores, una especie de guías internos y ayudan a comunicarnos (Damasio, A.).

Experimentar emociones es parte de la naturaleza humana, clasificarlas en taxonomías (Tipo: bueno-malo, positivo-negativo) es enjuiciarlas, contribuyendo con este juicio a la represión, inhibición y/o control con el que tratamos de extinguirla.

Como dice mi amigo Alberto (en su primer libro "Un primer contacto con la Gestalt"), al no permitirnos sentir nuestras emociones entorpecemos las funciones de: autorregulación biológica, psicológica y de adaptación al entorno.

Cuando no nos permitimos sentir, es tan significativo como no permitirnos digerir, el sentir es una función natural y de esa función natural que activamos en cada situación, surgen nuestras necesidades. Mientras menos nos permitamos sentir, entonces menos registro tendremos de nuestras necesidades y por lo mismo menos satisfechos o en todo caso más insatisfechos estaremos.

Al no sentir, interrumpimos a tal punto nuestra autorregulación, que puede estar entorpecida por años, y al estar así entorpecida, favorece la aparición de síntoma como por ejemplo, gastritis, problemas pulmonares, colon irritable, etc. Así también, he atendido a personas que no se permitieron llorar la muerte de un ser querido, o el abuso que recibieron de niños, etc. y en consulta, luego de 20 o 30 años de ocurrido el hecho, pudieron romperse a llorar como lo necesitaron, un llanto de 30 años y al llorarlo y aprender a acompañar al niño interior que necesitaba el llanto, o al adolescente interior que necesitaba explotar el enojo, entonces aparece un proceso de sanación, comprensión y asimilación de la vida muy profundo y rico.


Me siento bien... me siento mal...

Habitualmente, cuando nos encontramos con alguna persona, nos preguntan o preguntamos ¿cómo estás? y lo que respondemos suele ser "bien" o "mal". Lo mismo respondemos cuando nos preguntan "¿cómo te sientes?".

Las repuestas "Bien" y "Mal" constituyen por sobretodo un cliché, pues respondemos de manera automática, incluso sin saber cómo estamos. Ambas palabras (bien y mal) constituyen juicios,  construidos socialmente a los que se le atribuye carga afectiva, sin embargo, siguen siendo juicios. Si bien cada uno tiene su escala de valor, socialmente suele estar asociado el "bien" a la alegría, tranquilidad y el "mal" a la tristeza, enojo, miedo, vergüenza, envidia, resentimiento, etc.

Siendo de este modo, es más lo que nos prohibimos sentir que lo que nos permitimos. Lo curioso es que las emociones las registramos en el cuerpo, por ejemplo, al sentir tristeza hay quienes sienten un "nudo en la garganta" o "vacío en el pecho"; al experimentar enojo, suele aparecer "calor en los brazos" "tensión en brazos y piernas"; al sentir angustia "un retorcijón en la panza"; etc.

Las emociones las experimentamos en el cuerpo y el cuerpo no siente "bien" o "mal", el cuerpo siente. Como cuerpo sentimos y al sentir, entramos en contacto con nuestra necesidad, si dejamos de enjuiciar lo que nos ocurre, y centramos nuestra atención en la zona del cuerpo en la que estamos sintiendo, ésta emoción se hará más intensa hasta llegar a la intensidad necesaria para poder descubrir qué hacer con lo que sentimos, e invertir nuestra energía en acompañarnos a sentir la emoción que estamos experimentando hasta agotarla, pues, las emociones se agotan, en cuanto energía, tienen una parte de carga y otra de descarga, cumplen un ciclo.


¿Emociones Positivas y Negativas?

Otra forma de discriminación emocional, es la clasificación que hacemos de Emociones Positivas y Emociones Negativas. Las emociones, así como no representan ni al bien ni al mal, tampoco representan lo positivo y lo negativo.

Positivo y Negativo, son juicios y tampoco les corresponden ya que las emociones, -reitero- no son juicios, las emociones son toda una experiencia, una vivencia, con un correlato fisiológico, que se traduce en sensaciones corporales, que nos anuncian el significado de estar vivos sin tener palabras para ello, son señales y funciones; y representan una parte fundamental en el camino de autodescubrimiento y trascendencia.

¿Qué hacer con mis emociones?

Sencillo.... sentirlas.

Aprender a escucharnos es aprender a conectarnos con nosotros mismos, es aprender a entrar en contacto con nuestro cuerpo, con las sensaciones que vamos identificando, explorar y adentrarnos en nuestra propia intensidad, al punto que nos permitamos sostenerlo: así nuestra emoción se constituye en mensaje, existencial incluso, y nos irá facilitando el descubrir, cada vez más claramente aquello que necesitamos y nos abrirán las puertas a un camino más genuino de expresión.

Importantísimo: Para que nuestras emociones sean camino, es importante identificar si lo que sentimos está en función a lo que ocurre en verdad, a lo que percibimos, o está en función a lo que imaginamos. Ejemplo; no es lo mismo sentir pena frente a la muerte de un ser querido, que representa un hecho; que sentir pena o angustia, frente a la idea de que reprobaré un examen, sin haberlo dado aún.


Incorporar nuestras emociones es una invitación a estar completos, aprender a responsabilizarnos por lo que hacemos con ellas, nos adentra en el camino de la madurez y poder diferenciar si parten de lo que imaginamos o de lo que percibimos, nos aporta trascendencia, nos abre las puertas a un camino de paz e integración con nosotros mismos (tan peleados que andamos) y nos abre puertas de encuentro genuino con nuestros semejantes.

Abrazo.

Os.