La palabra "Duelo" tiene una proveniencia latina (Dolus) que significa "dolor". Cuando hago referencia al Duelo, me estoy refiriendo a la experiencia de dolor que significa el desapego, la despedida de alguien o algo de nuestras vidas (personas, mascotas, trabajos, objetos, etc.), que algunos le llaman también "pérdida".
Al respecto, existe material de divulgación, investigaciones sobre la experiencia de duelo, que marcan algunas referencias de los aspectos comunes; sin embargo, existen también los aspectos singulares de cada uno. Cuando hablo de aspectos comunes, me refiero a las distintas similitudes que existen en la manifestación del duelo en cualquier persona; cuando menciono aspectos singulares me refiero al modo en que las personas desde su particular forma de estar en el mundo son capaces de asimilar y transitar hasta agotar el duelo o de desatenderlo.
ASPECTOS COMUNES EN EL DUELO
Elizabeth Kübler-Ross (1926 - 2004) fue una Médico - Psiquiatra Suiza que se dedicó a acompañar a las personas en el camino de la enfermedad terminal, a través de los cuidados paliativos, siendo una figura significativa en la Tanatología. Ella tipificó el duelo en 5 etapas:
- Negación.- Es la fase en que la persona se dice a sí misma "esto no me está pasando a mí", es vivir como si no hubiera ocurrido nada.
- Enfado, Indiferencia e Ira.- Es una fase en la que el doliente, experimenta enojo y culpa, que puede expresar culpándose a sí mismo y/o al "objeto" del duelo.
- Negociación.- En ésta etapa el doliente busca una solución a la pérdida, es decir, mira el "hecho" como un problema que trata de resolver, aún cuando éste no es resolvible.
- Dolor Emocional.- Es la etapa de tristeza por la separación.
- Aceptación.- Cuando el doliente asume que la separación es inevitable y supone una reconfiguración de la situación de vida.
Por su parte, Fernández & Rodríguez (2002), en una publicación titulada "Intervenciones sobre problemas relacionados con el duelo en situaciones de catástrofe, guerra o violencia política", señalan que las manifestaciones corrientes del duelo son:
- Sentimientos: Tristeza, rabia (incluye rabia contra sí mismo e ideas de suicidio), irritabilidad, culpa y autorreproches, ansiedad, sentimientos de soledad, cansancio, indefensión, shock, anhelo, alivio, anestesia emocional.
- Sensaciones Físicas: Molestias gástricas, dificultades para tragar o articular, opresión precordial, hipersensibilidad al ruido, despersonalización, sensación de falta de aire, debilidad muscular, pérdida de energía, sequedad de boca, trastorno del sueño.
- Cogniciones: Incredulidad, confusión, dificultades de memoria, atención y concentración, preocupaciones, rumiaciones, pensamientos obsesivoides, pensamientos intrusivos con imágenes del muerto.
- Alteraciones Perceptivas: Ilusiones, alucinaciones auditivas y visuales, generalmente transitorias y seguidas de crítica, fenómenos de presencia.
- Conductas: Hiperfagia o anorexia, alteraciones del sueño, sueño con el fallecido o la situación, distracciones, abandono de las relaciones sociales, evitación de lugares y situaciones, conducta de búsqueda o llamada del fallecido, suspiros, inquietud, hiperalerta, llanto, visita de lugares significativos, atesoramiento de objetos relacionados con el desaparecido.
Todo lo descrito hasta aquí, son definiciones de los alcances de la vivencia del duelo, no quiere decir que en un duelo vayamos a vivir todo esto.
Los duelos constituyen una condición natural, un estado de tránsito, por un cambio biográfico importante dada la desvinculación (algunos llaman pérdida), con algún objeto, animal o persona significativa.
Dinámica Psicológica en el Duelo
Cuando nos vinculamos, sea con personas, animales o cosas, una de las características del vínculo es que en el "objeto vincular" depositamos nuestras proyecciones. Proyectar significa, identificar características propias (sea que las reconozcamos o no) en el "objeto vincular", es decir, decimos de los demás aquello que contenemos. Pondré un ejemplo con un ejercicio muy sencillo que trabajamos en terapia Gestalt: Elige un objeto que llame tu atención del salón en el que te encuentres. Ahora ponte en contacto con él, es decir, míralo, tócalo, identifica sus características. Ahora juega a que te conviertes con todo tu cuerpo en ese objeto y preséntate diciendo las características que tienes como el objeto, ejemplo, "soy un closet y me caracterizo por ser contenedor, acogedor, facilito el orden,, etc.". Una vez que te presentaste como el objeto, entonces ahora repite exactamente las mismas características, pero desde la persona que eres: "Soy Oswaldo y me caracterizo por ser contenedor, acogedor, facilito el orden, etc.". Cuando me doy cuenta que esas características las contengo también, entonces recupero mi proyección, entonces conozco algo más de mí, integro una característica propia que había alienado a través de la proyección.
Cuando ocurre un duelo, significa que en el "objeto del duelo" (sea persona, situación o cosa), hemos depositado una serie de proyecciones y cerraremos el duelo cuando éstas proyecciones las recuperemos. Ejemplos claros: "Fulano se llevó mi felicidad, nunca más sonreiré" "Mis ganas de enamorarme se fueron con él" "Desde que perdimos la casa nunca experimenté la sensación de estar en casa nuevamente", etc.
ASPECTOS SINGULARES EN EL DUELO
Los aspectos singulares serán las formas particulares en que cada uno asimila la experiencia, en el modo de recuperación de la proyección. Tiene que ver con preguntarse a uno mismo "y ahora que ocurrió... ¿qué tengo que ver con ésta ruptura del vínculo?" (en el caso haya sido partícipe de una situación reversible o transformable como una ruptura amorosa, desvinculación laboral, etc.), en el caso que sea alguna situación súbita, como una muerte repentina, "¿qué es lo que me duele?" "¿qué necesito para despedirme?", si ésta situación se prolonga, "¿de qué manera me impido soltarlo?" y al descubrirlo, impregnarse del coraje necesario en el que puedo pasar del "vete o lárgate" al "me voy, me largo, te saco de mi vida, te digo adiós".
Éstas preguntas son una guía para empezar un movimiento diferente de vida, ese punto en el que podemos comprender que crecer implica soltar, que amar también significa despedirse, y de este modo abrirnos a entender el misterio cósmico de que todo ciclo tiene un final, comprender que la muerte es un momento de la vida como lo es el nacer, comprender que la muerte es parte de la vida y no su opuesto... descubrir, comprender, asimilar y seguir viviendo...
El "Después"
El después significa, pasado el duelo, es decir, que cuando ha pasado ya el tiempo y vuelvo a mirar hacia la situación, entonces puedo descubrir que ahora veo diferentes las circunstancias, hago una lectura distinta y hasta puedo descubrir la gratitud, por caótica que haya sido la experiencia, la gratitud de que en ella pude descubrirme, pude conseguir una pieza más de todos los fragmentos en que me he dividido en la vida y puedo experimentar un poco más de mí, puedo experimentarme más completo, porque el pegamento de ese fragmento a este que soy se llama "amor" y amarme implica mirarme sin enjuiciarme, recibirme, expresarme, pedir la forma en que necesito ser acompañado, escucharme, asistirme tal como lo necesito y entregarme a este ser reparado, hasta que puedo despertar y darme cuenta que ya no estoy siendo reparado, ahora soy amorosamente, ahora soy amor y soy cuidado.
Cuando ocurre este después, seguro que el duelo será una experiencia cercana porque alguna persona querida lo vivirá y acudirá a nosotros como amigos y en ese momento, no evitaremos el dolor de nadie, ni el propio, sino que acogeremos, escucharemos, alentaremos, contribuiremos en la reparación del otro y nuevamente el despertar, para darnos cuenta que podemos tratar al otro de esta manera, simple y sencillamente porque así nos estamos tratando.
De alguna manera, el duelo es una experiencia que vivida a plenitud, nos sirve de ruta para hallarnos, para comprendernos y comprender a los demás, para comprender la vida, y para integrarnos con nuestra propia capacidad sanadora mediante el amor.
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