Recuerdo que en la universidad, al llevar los
cursos de pruebas psicométricas de eficiencia, de personalidad y pruebas
proyectivas, los profesores se esmeraban por demostrar que las pruebas que enseñaban
eran la llave para el éxito en los procesos de evaluación “que todo psicólogo
debe de manejar”. Recuerdo el esmero con el que nos hablaban de las propiedades
psicométricas de validez y confiabilidad y cómo los instrumentos al poseer
éstas propiedades podrían facilitar el mayor conocimiento de los examinados [1].
Así también, las explicaciones de las pruebas proyectivas y cómo remarcaban que
estas pruebas no podían ser falseadas, pero lo curioso es que nunca nos
enseñaron que el contexto, lugar de procedencia y conceptualizaciones del mundo
en la persona podían influir y dar resultados diferentes; es más, no recuerdo
que me hayan enseñado una prueba proyectiva donde se pueda hallar un resultado
“normal”, es decir, siempre el afán de rotular y decir que “los demás tienen
algo”.
Cuando pasé la etapa de internado, en el Hospital
Psiquiátrico, en el departamento de Diagnóstico, aprendí un nuevo sentido para
interpretar las pruebas, puesto que sólo lo hacía según las vivencias del
paciente, las cuales contaba durante la sesión y que eran corroboradas con
entrevistas a los familiares (de hecho algo bastante fenomenológico). Entonces
las pruebas pasaron a un segundo plano, pues sólo eran complementarias y me
centré más en la entrevista y observación para realizar las evaluaciones, que
complementaba con las pruebas. Aprendí lo fácil que se les hacía a los
pacientes falsear un Millon II, especialmente a los pacientes con problemas
adictivos, trastornos borderline de personalidad y también a quienes tenían
trastornos de personalidad psicopática.
Observé además, cómo las personas con una aplicación test- retest,
pasaban de un temperamento flemático a colérico en tan sólo dos meses [2].
Ha pasado el tiempo y ahora trabajo con personas
que son de la selva baja [3],
también en procesos de evaluación y es curioso ver cómo el contexto de donde
vienen permite entender mejor sus pruebas proyectivas. Por ejemplo, cuando
llevé en la universidad el curso de Pruebas Proyectivas, especialmente el del
Dibujo de la Figura Humana ,
recuerdo que se nos enseñaba que los botones en la ropa (es decir la excesiva
cantidad) representaba la dependencia que puede tener el individuo hacia alguna
figura vinculante, pero en las personas de la selva baja, he hallado que el
dibujo de la camisa con botones, no representa en absoluto signo de
dependencia, al contrario, representa una visión de elegancia y estatus dentro
de su ámbito puesto que no todos tienen la oportunidad de tener una camisa y el
que la tiene es considerado como una persona elegante o mejor posicionada. He
notado además que el signo de la dependencia materna radica en el dibujo de
senos marcados en la figura femenina. Incluso, cuando estructuran el cuerpo y
la ropa con la que lo visten, en vez de zapatos suelen poner sandalias o pies
descalzos.
Con estas mismas personas, muchas veces los
referentes me piden que realice evaluaciones de inteligencia y es curioso cómo
uno debe de agenciarse la posibilidad de adaptar las pruebas. Concretamente, al
aplicar el WAIS, por ejemplo, hay preguntas como “qué harías si estás en el cine y eres el primero en observar que hay
fuego”, lo curioso es que en muchos de los casos, éstos chicos no conocen
lo que es un cine y uno tiene que improvisar o preparar reactivos que puedan
medir de una u otra manera la misma habilidad que la prueba pretende medir.
Considero que toda esta experiencia de
evaluación, me permite (al menos hasta
el momento), llegar a la conclusión de que las pruebas psicológicas no son
determinantes en el conocimiento de una persona, nos dan un gran panorama, pero
siempre y cuando sean interpretadas en el contexto de la evaluación y de la
procedencia del examinado, pues hay que conocer su mundo de significados para
poder saber con precisión a qué se refiere cada una de las respuestas que nos
dan. He tenido que llevarme en muchos casos la desagradable sorpresa de que
algunos colegas al evaluar a estas personas han hecho interpretaciones como si
se tratara de personas de la ciudad, es decir, bajo criterios citadinos, por lo
cual al emitir resultados los califican en muchos casos como “psicóticos”,
“homosexuales” e incluso como “ociosos”, “tontos” o “poco inteligentes”. De
hecho esto pone en evidencia la gravísima obligación que tenemos de ser serios
en nuestra labor, pues no podemos interpretar las pruebas de la misma manera en
diferentes lugares. El Perú, es un país que presenta una pluriculturalidad, y como
tal, cada persona debe ser conocida (en su evaluación) bajo el significado de su propia
“cosmovisión”, tomando en cuenta su lugar de procedencia, costumbres, modo de pensar
(sobre sí mismo y los demás), modos de relacionarse, etc. y bajo esta
perspectiva, nosotros como psicólogos estamos llamados a “quitarnos las
sandalias” ante las personas, pues al evaluarlos, debemos saber que “el lugar que
pisamos es sagrado”.
Tomando en cuenta esto último, es importante que el
profesional en psicología al hacer uso de las pruebas o durante el proceso de
evaluación, no se sienta en una posición de superioridad con respecto al
evaluado [4],
ya que esto sesgaría por completo los resultados del proceso. Hay que tomar cada
proceso como nuevo y tener en cuenta las palabras de Wojtyla [5]:
“Hay que experimentar. Hay que empezar
desde la experiencia de lo que es, de lo que existe, tal como es, como se
manifiesta, sin ninguna condición a priori superpuesta, ni en la experiencia,
ni en el desarrollo de la misma”.
Finalmente, considero importante recalcar que el
mayor instrumento de evaluación será siempre el investigador o evaluador, las
pruebas psicológicas son extensiones del mismo, que permitirán hallar datos que
deben ser integrados a lo observado, para que a partir de ello puedan
utilizarse las teorías conocidas y en otros casos puedan generarse otras
nuevas. No hay que “reificar” a los instrumentos sino que hay que asumirlos
simplemente como lo que su nombre señala “instrumentos”.
[1] Lo
que me sigo preguntando es: ¿por qué se hace tanto énfasis en estas propiedades
si se utilizan en su mayoría pruebas que no están validadas en nuestro
medio?... en todo caso, con el mismo énfasis con que se enseñan éstas
propiedades, debería realizarse estudios de validación.
[2] A
veces era porque simplemente falseaban, a veces porque estaban deprimidos y las
preguntas que son parte del inventario de personalidad de Eysenck, se
presentaban como indicadores de depresión. Pero si se mide un constructo
específico, ¿por qué este varía tanto si es una prueba validada en nuestro
medio? ¿Por qué una variable afecta tanto a la otra si la prueba es válida y mide lo que pretende medir? De hecho, el
temperamento es una parte invariable, es decir, controlable pero no mutable.
[3]
Cuando hago referencia en este trabajo a personas de la selva baja, me estoy refiriendo
a las personas que viven a las orillas del río Amazonas y que no cuentan con
servicios básicos, no tienen sistema de desagüe, ni luz ni agua, apenas unas
maderas con las que hacen su casa, además de vivir con algunas donaciones que
puedan regalar los misioneros de la zona. Me estoy refiriendo a zonas muy
precarias y no exploradas por los profesionales de la salud. Normalmente, en el
mes de Enero de cada año, estoy unos 15
días conviviendo con ellos, realizando observación participante como parte de
mi trabajo, lo que me permite entenderlos mejor y poder brindarles una mejor
ayuda.
[4] Algo así como sentirse
“sano” frente al supuesto “enfermo”.